La industria audiovisual dominicana alcanzó un hito en la XIII edición de los Premios PLATINO Xcaret, celebrada en el Teatro Gran Tlachco del Parque Xcaret, en la Riviera Maya. Por primera vez, una producción de República Dominicana obtuvo uno de los reconocimientos de mayor proyección del cine iberoamericano: “Olivia & las nubes”, escrita y dirigida por Tomás Pichardo Espaillat, ganó como Mejor Película de Animación.
El galardón no solo representa una victoria artística. También coloca sobre la mesa la conversación sobre el potencial de la animación como industria creativa, la necesidad de ampliar las fuentes de financiamiento, la formación de talento especializado y la capacidad del cine dominicano de competir en mercados internacionales.
“Viniendo de una industria de animación tan pequeña como es República Dominicana, premios como este hacen un impacto enorme. Nos ayudan a crecer y a soñar con nuevas producciones”, expresó Pichardo Espaillat tras recibir el reconocimiento.
“Olivia & las nubes” es una historia de amor construida desde múltiples perspectivas emocionales y visuales. Su propuesta estética y narrativa rompe con la idea tradicional de que la animación está dirigida exclusivamente al público infantil, y demuestra que este formato también puede abordar temas adultos, íntimos y complejos.
La película tuvo su estreno mundial el 15 de agosto de 2024 en el 77.º Festival Internacional de Cine de Locarno, donde compitió en la categoría Concorso Cineasti del Presente. Desde entonces, ha desarrollado un recorrido internacional que, según su director, superó sus propias expectativas.
“El recorrido que ha dado ‘Olivia & las nubes’ fuera del país ha sido algo que no me esperaba. Ha sido increíble. Esa idea de que ha ido conectando en otros espacios y con otras personas ha sido como una especie de sueño hecho realidad”, sostuvo en una entrevista con elDinero.
En su trayectoria internacional, la producción ha obtenido 20 premios, además del PLATINO. Entre ellos figuran reconocimientos en los Premios La Silla, en el Festival Internacional de Cine Rengo y en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara.
Mercado pequeño
La realización de la película tomó cerca de 10 años. Para Pichardo Espaillat, el principal desafío no fue solo creativo, sino el producir una película animada en un país donde la industria de la animación apenas comienza a consolidarse.
“Al inicio podías contar los animadores profesionales con una sola mano”, explicó. Esa realidad obligó al equipo a avanzar en dos direcciones simultáneas: desarrollar la película y formar parte del talento que haría posible su producción.
El director también señaló que sus productores venían del cine de ficción, no de la animación, lo que implicó aprender sobre la marcha cómo se financia, organiza y produce un largometraje animado. Esa curva de aprendizaje incluyó la búsqueda de fondos, participación en mercados y exploración de oportunidades que, en los primeros años del proyecto, no estaban claramente diseñadas para este tipo de producción.
“Tuvimos que ir a mercados, buscar qué fondos y qué oportunidades podían ayudar a esta película. Al principio eso no existía para animación. Hoy en día, la Dirección General de Cine (DGCINE) y otros espacios han ido entendiendo cómo ayudar a que la animación crezca”, afirmó.
El caso de “Olivia & las nubes” evidencia uno de los grandes desafíos de las industrias creativas dominicanas: no basta con tener talento. Para escalar, se necesitan ecosistemas de financiamiento, formación técnica, incentivos adecuados, redes internacionales y modelos de producción sostenibles.
Al ser consultado sobre qué necesita República Dominicana para competir con mercados audiovisuales más consolidados, como Argentina o México, Pichardo Espaillat afirmó que el crecimiento toma tiempo y debe construirse como comunidad. Para el director, una de las claves está en la enseñanza.
El cineasta entiende que cada experiencia internacional debe regresar al país convertida en conocimiento útil para otros creadores. “Todo lo que estoy aprendiendo en estos dos años de gira con la película lo estoy inyectando a la industria dominicana”, afirmó.
La animación
Uno de los aportes más relevantes de la película es su manera de ampliar la conversación sobre el alcance de la animación. Pichardo Espaillat comenzó a trabajar este lenguaje desde los 15 años y, con el tiempo, descubrió formas de animación alejadas de los modelos más comerciales asociados a Estados Unidos y Japón.
Según explicó, en distintas regiones del mundo la animación ha sido utilizada no solo para entretener a niños, sino también para contar historias adultas, explorar conflictos humanos e incluso abordar temas que, en determinados contextos, no podían narrarse mediante otros formatos.
“En mi caso, uso la animación como una forma de expresarme. Vengo de las artes plásticas y las temáticas que exploro en la película vienen de cosas que afectan mi día a día”, indicó.
Para el cineasta, la animación le permitió profundizar en la subjetividad de los personajes y representar visualmente aquello que piensan o sienten. “Podía plasmarlo en pantalla de una manera detallada. Eso es algo que la animación me permite”.
La película logró avanzar gracias a una combinación de persistencia, formación, trabajo por encargo, participación en espacios internacionales y búsqueda constante de oportunidades.
Para Pichardo Espaillat, ese camino puede servir como referencia para jóvenes creadores que sienten que el cine no es una opción viable por falta de recursos. “Hay programas locales e internacionales que no requieren tener dinero. Tú aplicas con tu trabajo y puedes ganar una beca para ir a espacios de formación”, explicó.








