El Banco Central informó que el indicador mensual de actividad económica (IMAE), correspondiente a junio de este año, reflejó un crecimiento interanual de 6.4%, el mayor registrado en lo que va de año. Destaca que la expansión promedio en el trimestre abril-junio fue de 5.0%, para una expansión acumulada de 4.5% en el primer semestre, más del doble de la registrada en igual período de 2025.
Estas son buenas nuevas y siempre seré mejor crecer que cualquier otro resultado. No hay duda de que República Dominicana ha sido un ejemplo de crecimiento económico y resiliencia en la región, sirviendo como un punto de referencia para otros países. Seguimos liderando en áreas clave, tales como los sectores turismo, zonas francas, minería e inversión extranjera, entre otros.
Ahora bien, ¿qué le falta al crecimiento económico experimentado por República Dominicana? No sólo se trata de que se traduzca en bienestar para la población en sentido general, sino que ese bienestar aparente que caracteriza a nuestra economía sea sobre la base de sectores que distribuyan mejor el bienestar (valor agregado real) y que sea sobre la base de innovación y una industria realmente conectada al desarrollo verdaderamente de impacto en la gente.
No se puede olvidar, por supuesto, que educación y la preparación de talento humano es una tarea pendiente en nuestro país. Las responsabilidades son compartidas, por supuesto.
Si bien el turismo es un sector que atrae inversión y genera empleos, mal pagados, por cierto, matemáticamente su impacto en la economía debería ser mayor. Las condiciones sociales y económicas de los trabajadores de este sector no son las mejores, independientemente de las mejoras y esfuerzos que hagan las empresas turísticas.
Con todo y sus bondades, el turismo no aparece entre los primeros sectores que mejor salario. Minería, electricidad, actividades financieras y todo lo relacionado con información y comunicaciones lideran la tabla. ¿Lo malo? Que no tienen un peso tan amplio en cuanto a la cantidad de empleos.
Lamentablemente, nuestra economía tiene un alto grado de informalidad, lo cual limita acceso a servicios de salud, pensiones y condiciones de vida dignas para la mayoría de la población. Si no es así, ¿cómo se explica que más de 1,439,000 familias reciben ayudas sociales del Gobierno? Está más que claro que algo no ha funcionado bien.
¿Qué quiero decir con esto? Que no es posible que sigamos creciendo, mientras sigamos destinando miles y miles de millones de pesos a subsidios. Este año 2026, la Administradora de Subsidios Sociales (ADESS) y el programa institucional Supérate manejan un presupuesto consolidado que supera los RD$45,000 millones, destinados de manera prioritaria a la cobertura de sus transferencias monetarias condicionadas. La tarea pendiente, parece ser, está en lograr que el crecimiento económico llegue verdaderamente a la mayoría y deje de quedarse en el entorno de unos pocos.







