La crisis sanitaria desatada por el coronavirus covid-19 ha desafiado la estabilidad de la economía mundial. Las grandes potencias han tenido que tomar medidas radicales para proteger a sus ciudadanos y contener el capital de las empresas afectadas por los números rojos en las bolsas, la sobreoferta y la demanda decreciente en sentido general.
Las primeras repercusiones de la enfermedad en este sector aparecieron luego de que China impusiera estrictas cuarentenas en la provincia de Hubei, epicentro de la pandemia, y limitara tanto los viajes como el suministro y transporte de materias primas. Estas decisiones tuvieron un impacto directo en el Índice de Gestores de Compras (PMI) de ese país al pasar de 51.9 puntos en enero a 27.5 puntos en febrero.
En el escenario más optimista, varios analistas económicos esperan que el producto interno bruto (PIB) chino crezca al menos un 1% en el primer trimestre de este año.
Tras la expansión del brote en Italia, Corea del Sur, Japón, Irán, Australia, España y los Estados Unidos, las bolsas de valores globales cayeron súbitamente.
Durante los días 9, 11 y 12 de marzo, los mercados temieron a la posibilidad de vivir una recesión económica similar o peor a la del 2008 como resultado de la “guerra de precios”, generada por Arabia Saudí, luego de que Rusia negara un recorte en la producción de sus barriles de petróleo como parte de las medidas propuestas por la Organización de los Países Exportadores de Petróleo (OPEP) de apuntalar los precios del crudo tras la baja demanda.
Las preocupaciones de caer en una contracción económica como la experimentada hace más de una década, motivaron a que bancos centrales como los de Australia, China, Canadá y Sudáfrica inyectaran liquidez a los mercados.
El 3 de marzo, la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED), rebajó alrededor de 50 puntos básicos a su tasa de interés, disposición que siguió el Banco de Inglaterra, al tiempo que aseguró fondos para nuevos préstamos bancarios.
El Comité Político Financiero Inglés redujo las exigencias de capital contracíclico a 0%, medida que podría mantenerse en los próximos 12 meses.
En el caso de América Latina, solo Argentina, Brasil, Honduras y México activaron políticas monetarias expansivas.
Argentina ha realizado al menos cuatro reducciones de tasas de interés en lo que va de año, con miras a reducir la inflación.
A inicios de año, Brasil recortó 25 puntos básicos para incentivar la economía y la inversión. Honduras hizo lo mismo, reduciendo además en 200 puntos básicos (de un 5% a un 3%) el encaje legal para inversiones con el objetivo de mejorar la liquidez del sistema financiero local.
Por su parte, México disminuyó 25 puntos básicos sus tasas de política monetaria en febrero, ante lo que el Banco Central calificó como el estancamiento y debilidad de la demanda agregada.
En cuanto a las medidas en materia de política fiscal, resulta complejo tomar decisiones cuando la deuda pública bruta respecto al PIB en los países del G-20 oscila entre el 111.9%, mientras que en las naciones que conforman el G-7 el porcentaje es de 117.3%.
El World Economic Forum estimó en 2019 que la política monetaria “puede estar llegando a su límite de efectividad y acción”, sugiriendo que para este año, y bajo el contexto actual, deben losgrarse políticas fiscales activas que contribuyan a la reanimación de la economía mundial.
Las decisiones que tome la comunidad internacional en este respecto, sin embargo, no quedarán exentas de riesgos, costos futuros, degradaciones de calificación crediticia, entre otras consecuencias a considerar.
En este ambiente de tensión político-económica, China y Corea del Sur han dado el ejemplo de que preservar una buena estructura de emergencia sanitaria y atenerse a los protocolos recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) podrían ser las previsiones inmediatas más efectivas para combatir la enfermedad y sus repercusiones económicas.













