Por Sebastián Cebrián, CEO de la consultora Villafañe & Asociados
La voz latina “flatus vocis” se interpreta como la acción de emitir palabras que, pese a no tener sentido, se defienden como si lo tuviese. Si monitorizamos lo afirmado durante esta pandemia desde distintas empresas, gobiernos o líderes de todo el mundo, aparecen muchos ejemplos de afirmaciones irracionales que, pese a no ajustarse a la verdad ni científica ni moralmente, son aceptadas, viralizadas y defendidas por adeptos a una u otra causa; a uno u otro color político; o a una determinada empresa frente a su competencia.
A este respecto, el mejor antídoto contra las “flatus vocis” es tener y actuar de acuerdo a un propósito que vaya más allá de la propia visión y misión de una organización. Se trata de identificar y aplicar una razón superior, y de fuerte componente social, que justifique la propia existencia de una empresa o el desempeño de cualquier Gobierno.
Los líderes políticos y empresariales debemos aspirar a defender y trabajar con un propósito que trascienda la mera rentabilidad -en términos empresariales-, o la utilización de la política con fines espurios, -si hablamos de una institución o Gobierno-.
Larry Fink, presidente de Black Rock y conocido por sus mensajes dirigidos al propio sistema capitalista, desde la fuerza que le da gestionar los 6.3 billones de dólares de la mayor gestora de fondos del planeta- asegura que “el propósito no es únicamente la búsqueda de la rentabilidad, sino la fuerza que nos impulsa a lograrla. La rentabilidad -añade- no es incompatible con el Propósito, sino que se encuentran estrechamente relacionados”.
Fink defiende que, debido al covid-19, las empresas con propósito pudieron ser coherentes y ponerlo en práctica, mientras que las empresas que carecían del mismo, lo habrán encontrado durante esta pandemia.
Es curioso observar cómo mientras que la sociedad incrementa sus exigencias a las empresas para que actúen desde el bueno gobierno, sean sostenibles y respondan de forma eficiente a las necesidades de sus stakeholders, los ciudadanos y los políticos de uno y otro extremo, se vuelven cada vez más intransigentes al sustituir el debate y el diálogo por la proclama incendiaria.
Así lo recoge el manifiesto firmado por el activista estadounidense Noam Chomsky que, junto con otros 150 intelectuales, avisa a la ciudadanía de que éste es el gran peligro de las sociedades en el siglo XXI. El planeta necesita liderazgos sociales y económicos de talla.
En el caso de República Dominicana se abre una gran oportunidad para consolidar su propósito como gran nación al contar con una democracia y economía de mercado seguidas con interés por todos los países americanos y ser destino preferente para empresas y multinacionales de diferentes sectores y países.
El momento es único porque, después de 16 años, los dominicanos han abogado por un cambio de Gobierno que ha puesto al frente del país a Luis Abinader, candidato del Partido Revolucionario Moderno (PRM), con un programa electoral sustentando en la creación de empleo, la mejorara de la seguridad ciudadana, el incremento de la educación de calidad para los jóvenes y la lucha contra la corrupción e impunidad, respectivamente.
A tal efecto, desearle un gran desempeño tanto a Abinader como a su equipo de Gobierno y pedirles su fidelidad y coherencia con el Propósito que defendieron durante la campaña, al igual que debemos hacer todas las buenas empresas que compartimos ese propósito y que tenemos presencia en el país, como nuestra pyme, Villafañe & Asociados, una consultora de estrategia pionera en la gestión de la reputación con indicadores y que ayuda a las organizaciones a identificar su propósito mediante el análisis de sus realidades y el diseño de planes de acción que permiten su alineamiento con las necesidades y expectativas de sus grupos de interés -ciudadanos/sociedad civil, empleados, proveedores o medios de comunicación…-
Gobiernos y empresas debemos convertirnos por tanto en garantes de la consolidación del propósito social que nos exige la ciudadanía. Este es el gran reto al que nos enfrentamos para mejorar los países, las empresas y las sociedades, para hacerlas más justas y para aportar lo mejor de nosotros mismos en aras del crecimiento y del bien común.












