Fuera ya de la Unión Europea, el Reino Unido espera ansioso el resultado de las elecciones en EE.UU. para saber si prospera su “relación especial” con este país o si, por el contrario, una cambio en la Casa Blanca enfría la sintonía y las perspectivas de un acuerdo comercial.
Por la proximidad histórica, sentimental y económica entre ambos países, los comicios estadounidenses se viven en Gran Bretaña como algo propio.
Buena prueba de ello es que el programa estrella de la sátira británica, los guiñoles de “Spitting Image”, dedica este sábado un especial emitido en abierto -normalmente es solo para abonados- a la contienda entre el presidente estadounidense, Donald Trump, y el candidato demócrata, Joe Biden.
Si las elecciones estadounidenses se escrutan siempre con atención, el nuevo escenario que dibuja la salida efectiva del Reino Unido de la UE (que se consuma este 31 de diciembre) convierte la relación transatlántica en una cuestión existencial para Londres.
Y como primer punto en esa agenda aparece cerrar un tratado comercial que las empresas británicas, una vez fuera del mercado único comunitario, reclaman con impaciencia.
Las negociaciones comerciales del Reino Unido con Bruselas para definir el marco posBrexit hacen vislumbrar por ahora, como mucho, un acuerdo de mínimos. Eso hace todavía más apremiante un pacto con EEUU que Londres necesita mucho más que Washington.
En agosto se completó la tercera ronda de negociaciones entre ambos gobiernos para un tratado que aumentaría, según el Gobierno británico, los intercambios en 15,300 millones de libras (17,000 millones de euros).
En 2019, el volumen de la relación comercial se situó en 220,900 millones de libras (245,600 millones de euros): casi el 20% de las exportaciones británicas se dirigen a EE.UU.













