[dropcap]D[/dropcap]esde antes del inicio de los trabajos de remodelación de la Ciudad Colonial, el Ministerio de Turismo (Mitur) preveía que el camino no sería sencillo. Y no se equivocó.
La semana pasada resurgió el debate sobre el remozamiento del patrimonio de la Ciudad Primada, esta vez, luego del anuncio del proyecto que busca dar una lavado de cara a las centenarias ruinas del Monasterio de San Francisco.
Las autoridades presentaron un ambicioso plan que busca cambiar por completo el aspecto de las ruinas, una de las edificaciones más importantes del casco histórico de la ciudad.
El proyecto contempla conjugar el actual aspecto antiguo de las ruinas, provisto por sus muros rojizos y desgastados, con una estructura moderna de hormigón empañetada. Además, se planea la construcción de un anfiteatro y un estacionamiento que limitarían el espacio de la explanada verde que contrasta con el color de la imponente edificación.
Según el Mitur, un equipo de expertos de la Agencia de la Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) ofrece su asesoría al Programa de Fomento al Turismo Ciudad Colonial, que incluye otras obras, todo en el marco de una estrategia que permita rentabilizar el patrimonio de forma sostenible, es decir, sin dañarlo.

Luego de un concurso para la remodelación, el arquitecto español Rafael Moneo y su equipo ganaron la realización de la controversial obra, que también cuenta con el respaldo del Banco Mundial.
Si se trata de un proyecto avalado por instituciones internacionales y las autoridades locales, y que priorizará la preservación del monumento (según los planteamientos del proyecto), ¿por qué es tan controvertido?
Los capitaleños no quieren perder el aspecto antiguo de las ruinas, lo que por años les ha sido familiar y cercano, y que ha servido de espacio de esparcimiento y ocio vespertino y nocturno.
Además de las múltiples expresiones de rechazo en las redes sociales, los integrantes locales del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos) denunciaron que este plan de remodelación implica una agresión irreversible contra el monumento que pone en peligro su esencia y la permanencia del título de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Y es que Icomos pone en entredicho el supuesto aval de esta institución de las Naciones Unidas.
Ante las expresiones de rechazo a los planes de remozamiento de las ruinas, el ministro de Turismo, Francisco Javier García, salió al frente y prometió la realización esta semana de un encuentro con todos los sectores involucrados de alguna forma con el plan. La idea es poder dilucidar las diversas opiniones sobre el asunto.
Es justo y necesario escuchar el parecer de cada entidad y especialista sobre un tema tan importante como este: la restauración y conservación de las Ruinas de San Francisco”, dijo el ministro.
EL CONDE
Reacciones similares de rechazo se produjeron a inicios de 2014, con la remodelación de la Puerta del Conde, que implicó la cobertura de las piedras con mezcla a base de cemento.
El descontento público de los ciudadanos obedecía a las mismas razones que el de las Ruinas de San Francisco: la modificación drástica de un monumento cercano a los sentimientos de la gente.
Los problemas en la Ciudad Colonial se iniciaron desde el anuncio de los planes de remodelación, que comenzaron en agosto de 2013. Los comerciantes del lugar se han quejado por la reducción de sus ingresos, debido al cierre de importantes calles que comunican el casco antiguo.












