Nassim José Alemany
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La economía dominicana es de servicios. Durante 2012 el 61% de todo el valor agregado, en términos reales, se produjo en ese sector. ¿Y el resto? La agropecuaria produjo un 9% y el sector industrial se quedó con el 30% restante.
Dentro de los servicios están todas esas actividades que no son de producción industrial ni trabajo agrícola, como el comercio, telecomunicaciones, salud, servicios financieros y turismo. Este último es considerado como una de las grandes fuentes de generación de riqueza y empleos.
En términos simplificados, el país se beneficia ya que los turistas llegan a nuestros aeropuertos y pagan por entrar, por el hospedaje en hoteles, consumen en bares y restaurantes, compran artesanía local, pagan por tours a diferentes atracciones nacionales, pagan impuestos, y sobre todo, traen uno de los bienes más escasos: las divisas. En términos simples, las últimas cifras revelan que al país entran cerca de US$4,500 millones anuales por concepto del turismo.
Ya pueden imaginarse lo que significa que República Dominicana perdiera 14 posiciones en el último ranking del Foro Económico Mundial donde se evalúa la competitividad del turismo a nivel mundial.
El país pasó de la posición 7 2de 139 países en el ranking del año 2011, al lugar número 86 de 140 países en el 2013.
Lo interesante es ver que el país tiene una de las mejores calificaciones, la número 9 del mundo, en el pilar que evalúa qué tan importante es el turismo para el Gobierno.
Somos el tercer país del mundo con el mayor gasto en turismo como porcentaje del presupuesto nacional, las campañas de mercadeo turísticas son efectivas, el Gobierno le da una alta prioridad y las estadísticas se publican a tiempo y con buena calidad.
El problema radica en el resto de los pilares que evalúa el organismo. Por ejemplo, los costos asociados con la seguridad ciudadana son muy altos, y tienen una de las peores calificaciones a nivel mundial. La disponibilidad de servicios policiales ocupa el penúltimo lugar (139).
La sostenibilidad del medio ambiente es débil y las regulaciones carecen de aplicación, por lo que la cantidad de especies amenazadas es una de las más altas a nivel internacional.
Además, no existe protección para los biomas terrestres.
Los impuestos en boletos aéreos y las tarifas en los aeropuertos compiten para ser los mayores del mundo, desincentivando la compra de vuelos hacia el país, algo preocupante en un entorno económico internacional frágil, donde cualquier diferencia de precio puede cambiar las preferencias de los viajeros.
La República Dominicana sigue teniendo gran afinidad para el turismo, con un alto nivel de apertura internacional, y es considerado como un punto favorable de encuentro para negocios. Pero no podemos seguir perdiendo competitividad en un sector que le genera beneficios al país.
El país tiene las condiciones para seguir atrayendo turistas y viajeros de negocios, pero debemos tener claro que hoy no sólo competimos con los destinos turísticos de la región, sino que competimos con todos los destinos turísticos del mundo. A diferencia de como reza el dicho popular “la operación fue un éxito, pero el paciente murió”, creo que aún estamos a tiempo de que no muera.












