Por Nassim J. Alemany
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Un nuevo episodio de la aparentemente inagotable ronda de crisis en la zona euro se inició la semana pasada cuando los chipriotas protestaron por las medidas del plan de salvamento bancario que propusieron los miembros de la Unión Europea.
Chipre, una economía que representa solo el 0.2% del PIB de la eurozona, se encuentra actualmente tratando de resolver una crisis de deuda que ha puesto en juego la sostenibilidad de su sistema financiero.
Luego de haber sido una de las economías que menos sufrió la recesión del 2009, en Chipre se inició un proceso de deterioro de las finanzas públicas y del sistema bancario que lo ha llevado casi al default. El rápido crecimiento del crédito, los altos niveles de préstamos a Grecia y la expansión del mercado hipotecario fueron los principales detonantes de la situación en la que hoy se encuentra la economía. Actualmente, su sistema bancario representa ocho veces el producto interno bruto del país (en RD, el sistema bancario representa menos de la mitad del PIB).
La crisis en Grecia y las medidas llevadas a cabo para reducir su nivel de deuda, impactaron directamente a los bancos en Chipre, ya que casi el 20% de los préstamos de su sistema bancario estaban concentrados en Grecia.
A diferencia de como ha ocurrido en otros países, donde los gobiernos intervienen y recapitalizan los bancos a cambio de una participación, el debilitamiento de las finanzas públicas de los últimos años y el gran tamaño del sistema bancario en Chipre hace que sea prácticamente imposible que el gobierno pueda resolver la situación sin ayuda externa. Además, la delicada situación fiscal no les permite acceder a los mercados de capitales para tomar préstamos.
Entonces, ¿qué van a hacer? La Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional tienen disponibles Ä10 billones en un fondo de salvamento para Chipre, siempre y cuando el gobierno pueda levantar ingresos por Ä5.8 billones. Si el gobierno no logra conseguir esos fondos, entonces no puede usar los recursos de los organismos multilaterales.
La primera opción para levantar los fondos que propuso el gobierno fue la de imponer una tasa de 6.75% para los depósitos de menos de Ä100,000 y de 9.9% para los depósitos mayores. En otras palabras, tomar de cada una de las cuentas bancarias del país 6.75% o 9.9%. La reacción fue tan negativa que los bancos tuvieron que cerrar toda la semana para evitar una corrida y que colapsara el sistema financiero. Una modificación a la propuesta de solo aplicar el impuesto a las cuentas de más de Ä20 mil también fue descartada.
El ministro de finanzas de Alemania propuso una investigación sobre supuestas conexiones con lavado de activos en el sistema financiero, ya que casi un cuarto de las cuentas bancarias en Chipre pertenecen a ciudadanos y corporaciones rusas.
El pasado viernes el parlamento chipriota pasó una ley que crea un fondo de solidaridad, con el que pretenden usar activos del gobierno para levantar los fondos necesarios para aplicar al salvamento.
También accedieron a dividir algunas de las instituciones financieras en bancos “buenos” y “malos” como una forma de conseguir los fondos sin perjudicar a los depositantes más pequeños. Con esta medida, los depósitos no asegurados de más de Ä100,000 irían a los bancos “malos” y se congelarían. Aún no se tiene claro el monto del impuesto, ni cómo operaría.
El Banco Central Europeo le dio un ultimátum a Chipre de que si no consigue los 5.8 billones de euros para el día de hoy (25 de marzo) podría ser expulsado del euro.












