En el mundo de los optimistas, las crisis son oportunidades. Es una frase que guarda relación con una expresión del científico Albert Einstein, quien afirmó lo siguiente: “La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y a países, porque trae progresos. La creatividad nace de la angustia, como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quién supera la crisis, se supera a sí mismo sin quedar –superado-”.
Cuando se pasa balance de los períodos de desarrollo más importantes de la humanidad, las crisis han servido como motor de desarrollo. La pandemia, que es una crisis de salud, ha servido para desarrollar importantes dispositivos tecnológicos, pero, lo más importante, ha sido un escenario idóneo para demostrar la capacidad de la ciencia médica para poner al servicio de la población diversas vacunas efectivas para combatir el covid-19.
Cada país tiene una realidad particular, pero en lo que compete a República Dominicana los resultados indican que la gestión de la crisis tiene más elementos positivos que negativos. Nadie, en todo caso, se siente cómodo administrando crisis, aunque ello sirva para demostrar cuán capaz es para hacerlo.
Desde mucho antes de los efectos del covid-19, República Dominicana venía arrastrando un déficit fiscal y al mismo tiempo una expansión de la deuda. La pandemia sólo agravó la situación. Ahora hay que gestionar la crisis porque es la única salida.
En la opinión pública se ha debatido la necesidad de una reforma fiscal que aliviane el flujo de ingresos del Gobierno, ahora más limitados por el impacto de la pandemia en la economía. Sin embargo, y lo admite el presidente Luis Abinader, no es el momento de llevar a cabo esa transformación del esquema tributario debido a la difícil situación por la que atraviesan los sectores productivos, es decir, el tejido económico.
¿Qué hacer, entonces? La única alternativa posible, y lo están haciendo otros países, es acudir a los mercados de capitales a endeudarse. Las bajas de interés, además, ha abierto el apetito de los países, mientras los dueños de los capitales buscan a dónde colocarlos.
No es lo que se hubiera deseado, pero todo indica que República Dominicana está compelida a seguir endeudándose. El ministro de Economía, Planificación y Desarrollo, Miguel Ceara Hatton, ya lo ha dicho: una posposición de la reforma fiscal, por no existir condiciones para su aplicación ahora, sumado a la imposibilidad de reducir el gasto público, debido a que hay más demanda de recursos por la pandemia, obligan a seguir usando el endeudamiento público como complemento del presupuesto ante el inevitable déficit fiscal.
Es bueno recordar, ante una nueva estrategia de seguir endeudándose, que la tasa de interés promedio ponderado de la deuda a septiembre de 2020 era de un 6.9%, siendo la de la deuda externa un 5.4% y la interna un 10%. Hay que buscar que esos niveles de tasas bajen más, porque si no hay posibilidad de reforma, endeudarse es la salida (por el momento).









