Hemos cumplido 15 meses con la boca tapada. ¿Será sólo por el covid-19 o hay otras razones que nos obligan a seguir usando mascarillas? No se trata de un bozal, que según la Real Academia de la Lengua, entre otras acepciones, es un dispositivo que se pone a ciertos animales, preferentemente a los perros, en el hocico para que no muerdan. Los seres humanos somos más complejos.
Nuestra capacidad de tomar decisiones, por aquello del libre albedrío que nos inculcaron desde diversas expresiones religiosas, tiene, sin tener que hacer un análisis profundo, algunos puntos que podrían ser perjudiciales si se toma en cuenta que la libertad que se reclama se convierte en libertinaje nocivo. Es justamente nuestra capacidad individual de decidir qué hacemos con nuestra cotidianidad lo que en cierto modo nos obliga a seguir con el tapabocas puesto a más de un año de la Organización Mundial de la Salud (OMS) haber declarado la pandemia en todo el mundo.
La misma excusa que utilizamos para abrir nuestros negocios, hacer celebraciones masivas, juntarnos con amigos en casas, clubes o colmadones; visitar bares, restaurantes, discotecas y hasta asistir a conciertos, es, a la larga, la causa de que sigamos con la boca tapada 15 meses después. Las razones económicas han estado de por medio y son la justificación de todos los países, de todos los ciudadanos.
Quiero decir con esto, además de cualquier otra razón válida que pudiera existir, que los verdaderos responsables de que estemos usando mascarillas a más de un año de haberse declarado la pandemia, somos nosotros mismos. No es justo que se culpe sólo a los gobiernos, a las autoridades mundiales, a los organismos de salud o a quien se nos ocurra. Debería haber un mea culpa colectivo.
Por supuesto, siendo justo, la alta informalidad que caracteriza a nuestra economía presiona a la mayoría de los dominicanos. No debemos olvidar que cerca de un 56% de los agentes productivos se mueven en el campo informal, lo que les obliga a vivir del día a día. Además, en la mayoría de los casos no tienen ahorros suficientes para resistir un cierre de actividades. Todas estas son razones válidas, pero no eximen de nuestra responsabilidad ciudadana.
Ir a un negocio, ya sea restaurante, almacén, colmado, industria, hotel, taller, salón de belleza o lo que sea, por más que me lo expliquen, no constituye un medio de contagio de alta probabilidad, siempre y cuando se observen las medidas de distanciamiento físico y de bioseguridad requeridos para evitar el contagio.
Ahora bien, ¿qué podemos decir de los colmados, discotecas, clubes y salones de fiestas atestados de personas sin ninguna norma ni distanciamiento? Eso sí es un medio efectivo de contagio. Si ciertamente el covid es el que nos ha obligado a tener la boca tapada por más de 15 meses, no menos cierto es que nuestra actitud como ciudadanos tiene, posiblemente, la mayor cuota de responsabilidad.
Sacrificarnos un poco más quizá sea mucho pedir, pero será mucho más lamentable que la economía siga sufriendo más tiempo, mientras más gente muere.










