La cúpula empresarial dominicana, a través del Consejo Nacional de la Empresa Privada (Conep), ha planteado que las reformas estructurales que el actual gobierno está impulsando, deben servir para fomentar la inversión, crear una mayor cantidad de empleos y, en lo fundamental, promover el crecimiento económico.
Obviamente, todo esto en un contexto de estabilidad política y social, competitividad de la economía y, especialmente, una mirada colectiva al futuro de República Dominicana. En resumen, lo que pide el Conep parecería tan sencillo como que se motoricen las variables que forman parte de la ecuación del producto interno bruto (PIB).
Sin embargo, las reformas estructurales vinculadas al ámbito fiscal, seguridad social, código laboral, entre otras, deben servir para algo más, deben ser fuente de desarrollo, de mayor institucionalidad, de recuperación de la ética y la moral como elementos básicos de la convivencia entre los ciudadanos, de un salto de una sociedad que, por un lado, tiene comportamientos primitivos a otra que, por otro lado, vive y apuesta a la transformación tecnológica, a la innovación y a ser parte de la era digital y del conocimiento.
Sin dudas, hemos venido mostrando músculos firmes en cuanto al crecimiento económico, con expansión promedio anual del PIB por encima de un 6,5% (obviando el año 2020), pero esto no ha sido suficiente para que se genere una mayor cantidad de empleos y para que se resuelvan los problemas ancestrales de salud, educación, vivienda, agua y saneamiento.
En ese mismo escenario, los niveles de informalidad de la economía dominicana se mantienen creciendo, sobre todo después de la pandemia, sin que las políticas y medidas para desincentivar este fenómeno hayan brindado los efectos deseados, lo cual conduce a un problema de falta de seguridad social para los trabajadores, baja productividad y menores salarios. Lo propio ocurre con la desigualdad de ingresos y riquezas en el país, en donde en un pequeño perímetro, puedes encontrar una comodidad extrema y, casi al lado, necesidades básicas insatisfechas; es decir, varios mundos en un solo mundo, que conviven en una pequeña media isla.
Y es cierto, como dice el Conep, que las reformas propuestas deben servir para promover una mayor inversión privada que, a su vez, tenga un efecto multiplicador positivo en el empleo del país, pero también deberían conducir a ir cerrando las brechas de desigualdad, sobre todo a nivel salarial, de modo que la calidad de vida de los trabajadores mejore cada día, y puedan estos vivir dignamente en ese mismo ambiente que se requiere para que las empresas compitan y logren utilidades. Solo de esta manera se podrá tener la paz social que se necesita y a la que todos aspiramos.
Finalmente, y aun cuando no se considera parte de las propuestas de reformas, resulta importante echarle una mirada al cambio climático y al calentamiento global y, aprovechando el escenario que reunirá al liderazgo nacional, firmar un Pacto por una Economía Verde, con lo cual daríamos un paso gigante en este tema, sobre frente a la comunidad internacional.









