El presidente del Consejo Nacional de la Empresa Privada (Conep), Pedro Brache, ha afirmado que los sectores empresariales dominicanos respaldan cualquier reforma en la que el Gobierno se embarque, siempre y cuando sean cambios para propiciar la reactivación económica. Sobre una reforma fiscal, entiende que debería ser progresiva e inclusiva, que genere empleos y fomente la inversión privada.
No creemos que haya un mortal en territorio dominicano que se oponga a esta propuesta del Conep. La reforma debe, por obligación, generar oportunidades de desarrollo económico y humano para todos. Las empresas deben encontrar, en un esquema tributario, un campo fértil que les permita invertir para generar valor agregado y empleos formales.
El Gobierno, de su lado, necesita mejorar los ingresos a través de impuestos que no se conviertan una retranca para la competitividad de las empresas, ya que sin un sector privado es imposible encaminar las transformaciones sociales y económicas que requieren los dominicanos.
Ahora bien, la reforma también debe ser inclusiva pensando en el ciudadano común. Si un dominicano ve diezmar sus ingresos porque el Estado le ha impuesto un sistema impositivo regresivo, ofensivo y abusivo, que le quite más de lo que está en capacidad de aportar, entonces se cae la demanda interna. Cuando se cae el consumo, lo lógico es que también bajen las recaudaciones fiscales.
Ante este panorama, que no es más que una descripción sencilla del fenómeno causa y efecto, lo justo es que la reforma fiscal que se propone sea realmente inclusiva. Lo importante, en primer lugar, es definir qué significa “inclusiva” desde la perspectiva de todos los sectores. Armonizar este concepto podría ser, si quizá, la parte más difícil.
Cada sector verá cuánto le afecta una u otra propuesta y no aceptará una carga más allá de lo que considera razonable. Gobierno, empresarios y ciudadanos comunes, por suerte, parecen que coinciden en algo: en la necesidad de que el aparato fiscal dominicano sea actualizado de una manera integral, a fin de que todos los que tienen algo que aportar lo hagan en su justa medida.
Por supuesto, hay que tener cuidado con gravar actividades sensibles desde el punto de vista de la inversión extranjera. Analizar el contexto regional, especialmente pospandemia, es importante para tomar decisiones en materia impositiva.
Al final, posiblemente, lo que se necesita es formalizar a más empresas, incluyendo más mipymes, fiscalizar para reducir la evasión y elusión y, por supuesto, revisar las exenciones estériles desde el punto de vista de lo que se espera de ellas.





