Tengo unas preguntas: ¿Y si bajamos los impuestos? ¿Y si apostamos por elevar la capacidad de consumo de los dominicanos? ¿Y si hacemos que el gasto sea más eficiente y racional? ¿Y qué tal si atacamos la evasión de impuestos? ¿Y si revisamos las exenciones estériles? ¿Y si bajos el gasto innecesario? ¿Y si acabamos con la corrupción? Bueno… Bajar los impuestos, por ejemplo en el caso de las pymes, no sería una tarea difícil ni estaríamos “descubriendo el agua tibia”.
En este año, justo por enfrentar algunos de los efectos de la pandemia, un tercio de las economías de Europa han decretado una reducción positiva. En América Latina, es harto conocido, tenemos un problema grave de desigualdad. De hecho, según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la discusión sobre el rol de los sistemas tributarios en la redistribución de ingresos es bienvenida en la región.
De acuerdo con un estudio del BID, el 10% más rico de la población gana 22 veces más que el 10% más pobre, y el 1% más rico de la población obtiene el 21% de los ingresos de toda la economía. Esta desigualdad es aún mayor cuando se analiza la riqueza en vez de los ingresos. Un estudio de Credit Suisse encuentra que el 1% más rico de la región posee el 41% de la riqueza total, y que el 10% más rico de la región concentra el 72% de la misma.
Y cuando hablo de bajar impuestos no sólo me refiero a las empresas, también quiero incluir a las personas. Sé que parece descabellada la idea, pero hay ejemplos en todo el mundo de economías que han logrado “apretarse el cinturón del gasto” y planificar su desarrollo en base a un sistema impositivo que sea más atractivo para la inversión. Las bajas tasas, por lo general, impulsan la instalación de empresas y la generación de empleos. El problema, sin embargo, está por el lado del gasto, ya que los gobiernos no quieren renunciar a la indisciplina.
Por otro lado, esto debo admitirlo, los ciudadanos queremos servicios de primera calidad con tasas muy bajas, pero también deseamos que se borre la evasión de la realidad, cuando todos, en potencia, “somos evasores”.
¿Han escuchado hablar del milagro irlandés? Esta nación europea, a pesar la crisis económica que afectó a gran parte del mundo, logró un crecimiento muy por encima de sus pares en los años 90. A esta nación se le conoce como el “Tigre Celta” en analogía a los “Tigres Asiáticos”.
Los estudiosos de la economía reconocen que, entre otros aspectos, la reducción de los impuestos fue fundamental en este desempeño económico hasta que se presentó la crisis de 2001. El promedio de crecimiento de esta época fue de 6.8%. ¿Cuál fue su hándicap? El gasto público.
El presidente Luis Abinader ha mostrado voluntad política para gestionar su gobierno con eficiencia y austeridad, una decisión que, al mirar los números, ha afectado el gasto de capital, independientemente del cuidado que hay con seguir los procesos.
Si es como dice el director de Presupuesto, José Rijo Presbot, de que “el proyecto de presupuesto del próximo año está diseñado para aplicarse tal cual, sin el componente de la reforma fiscal”, entonces todo indica que la eficiencia está dando resultados. Amén de que bajemos o no lo impuestos, queda en entredicho si realmente necesitamos una reforma fiscal o una aplicación más inteligente del gasto público.
Usted dirá.






