El deterioro del estado de cosas en Haití ya no puede ir a peor. Tocó fondo. Este país, la primera república negra independiente en el mundo, motivado por los aires de libertad y derechos humanos que impulsó la Revolución Francesa desde 1789, ya no está en capacidad de ponerse de acuerdo por sí solo. Está demostrado, desde cualquier perspectiva, que sus líderes no tienen la intención de ceder sus intereses particulares y colocar el bienestar de la mayoría delante. Parece que prefieren la destrucción del Estado a llegar a un acuerdo que libere a este pueblo de sus penurias.
En Haití no existe una sola institución que funcione. Los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial están en su peor momento de la historia, ya que perdieron legitimidad, credibilidad y autoridad, tres características fundamentales para hacerlos funcionar. Pero tampoco hay una fuerza pública del orden que (im)ponga el orden o que, por lo menos, dé un mínimo de certidumbre a quienes tienen en fe en que algún día habrá paz y, por vía de consecuencia, desarrollo económico traducido en bienestar ciudadano. Creer en el futuro se está volviendo más quimérico conforme pasan los días en medio del caos social y económico que afecta a los haitianos.
No hay que ser un científico social para prever que Haití camina a convertirse en una especie de Somalia, Sudán, Yemen, Mozambique o Sahara Occidental en América. Es penoso decirlo, pero es lo que se prevé. Hoy día las bandas criminales, alimentadas por esferas de poder, legales e ilegales, dominan gran parte de su territorio. Los secuestros, asaltos, toma de vías y cierre de accesos para suministros de alimentos, combustibles y suministros médicos se vuelven más cotidianos en la vida de este país, con el que compartimos territorio.
¿Qué procede ahora? Lo que dijo el presidente Luis Abinader: “No se puede esperar más para afrontar la crisis haitiana. Eso es lo que quise resaltar y alertar, no es momento de esperar, ni de discurso, ni análisis; es momento de actuar con relación a esa crisis que hay en ese vecino país y mientras tanto vamos a tomar todas las medidas para proteger nuestro país”. El jefe de Estado dominicano pide acciones urgentes que ayuden a Haití a salir de la crisis. Solicitó a Estados Unidos, Unión Europea y a la comunidad internacional que vean este caso con urgencia.
Lo mejor y deseable sería que los propios haitianos pueden llegar a un acuerdo, pues como Estado soberano deberían estar en capacidad de hacerlo. En algún momento, por la vía que fuere, deben entender que la paz social y política trae bienestar al pueblo y abre más oportunidades a la inversión extranjera. Un país, que no es más que el conjunto de sus actores, debe entender que las oportunidades hay que crearlas. Hagámonos la siguiente pregunta: ¿Cuál es la ruta lógica de escape de los haitianos cuando se arme el despelote?












