“Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única manera”.- Albert Einstein.
La Administración dominicana, que es la pública porque no hay otra con sus connotaciones (por eso se escribe con inicial mayúscula), tiene la gran oportunidad de comenzar a cambiar una serie de comportamientos que fueron aviesamente inducidos durante décadas. Estos siguen afectando, a veces de manera desafiante e irritante, su desempeño eficiente y pulcro, así como el buen nombre de cientos de miles de servidores públicos. Eso sí, en todos los gobiernos nos encontramos con servidores ejemplares, lúcidos, formados, con experiencia y comprometidos.
Generalmente, y nuestro país no es la excepción, en los grandes casos de corrupción administrativa intervienen en primera línea funcionarios de alto nivel, es decir, los tomadores de decisiones en última instancia. Ellos manipulan y depravan a los funcionarios subalternos, apuntando a los responsables de los procesos estratégicos, operativos y de apoyo (administrativo y financiero, planificación, compras y contrataciones, tecnología). La realidad es que en la mayoría de los casos relevantes de corrupción sobresalen pequeños grupos apandillados cuyas malas mañas suelen hacerse extensivas injustamente a toda la Administración. De este modo se termina cuestionando todo lo que hacemos y decimos, lo mismo que lo que dejamos de hacer y no decimos.
El Instituto Nacional de Bienestar Estudiantil (Inabie) es un buen ejemplo de cómo una misión institucional noble, de gran calado social y económico, puede llegar a desvirtuarse groseramente.
¿Cómo es posible que una institución con uno de los presupuestos más grandes termine siendo una de las más endeudadas del Estado? ¿Por qué sus principales y multimillonarios procesos de compras terminaron manipulados con más de una notificación de adjudicación gravitando en los alrededores contratos viciados y plagados de errores, libramientos de pagos acumulados por montones que abarcan desde 2020 hasta la fecha, controles ineficientes o de hecho ausentes de la cantidad y calidad de las raciones alimenticias, y compras de cientos de millones de utilería escolar que no sirvieron para nada y que hoy, penosamente, parecen tener como único destino el vertedero de Duquesa?
¿Puede realmente alguna realidad justificar que se adjudiquen empresas que no ganaron una licitación pública nacional? ¿No significa esto último estirar la norma hasta llegar a creer que ella no existe? En Inabie nada se estaba haciendo bien porque no hubo nunca la intención de hacerlo bien desde el principio. Por ello, creemos que es uno de los mejores laboratorios para hacer una prueba definitiva de que en el Estado dominicano de nuestros días las cosas se pueden hacer bien, con decencia, respetando a los contribuyentes y enarbolando la bandera de la intransigencia, inflexibilidad y honestidad cuando de lo ajeno se trate.
El Inabie viene siendo una de las cristalizaciones relevantes de un derecho constitucional fundamental. En efecto, la alimentación escolar tiene una única perspectiva. Se trata de garantizar el derecho constitucional de alimentarse en las escuelas, respetando y teniendo en cuenta la calidad, la inocuidad y los patrones nutricionales de los estudiantes ajustados a la edad. No debería jugarse con la trascendente contribución que supone: ayudar al crecimiento y desarrollo biopsicosocial, aprendizaje, rendimiento escolar y formación de hábitos alimentarios saludables de los estudiantes. Con ello, sin dejar de hacer las cosas con estricto apego a las normas, pueden beneficiarse miles de mipymes y empresas grandes, la agricultura familiar y la seguridad alimentaria de la nación…
¡Cuántas oportunidades tiene este programa! Es recuperable. Se requiere algo de tiempo. Deben mejorarse sustancialmente sus procesos clave; fortalecer las competencias técnicas; implantar una cultura de cumplimiento y juridicidad; establecer un sistema de gestión de la calidad y certificarlo; fortalecer los controles de la cantidad, calidad e inocuidad de los alimentos; evaluar la pertinencia y calidad de las compras de utilería escolar; incorporar las TIC para la gestión integral de los procesos y mejorar la disciplina institucional. Nunca es tarde para para hacer girar la rueda en sentido correcto.












