Emanuele Felice, reconocido economista italiano y profesor de Economía y Política económica en la Università D’Annunzio, ha elaborado un interesante ensayo denominado “Historia Económica de la Felicidad”, en donde realiza un exhaustivo y sugerente análisis del fenómeno de la felicidad, y su vinculación con el crecimiento económico y el progreso tecnológico.
Partiendo de una perspectiva conceptual, este autor empieza por establecer los elementos que, a su juicio, y de una forma simplificada, conducen a lograr la felicidad de los individuos; estos son: a) la libertad, entendida bien como liberación con respecto a las limitaciones materiales; b) las relaciones sociales y, c) el sentido de la vida. Esos elementos, a su vez, deberían ser medidos, sobre todo el primero, por indicadores vinculados al “desarrollo humano”: nivel de renta, educación y esperanza de vida, así como derechos civiles, sociales y políticos.
En su ensayo, Emanuele Felice (2020) plantea un punto interesante y es la brecha que separa el desarrollo de la tecnología de la mejora en las condiciones de vida de la gente, lo que suponía debía ocurrir según lo han sugerido los defensores de los avances tecnológicos, en cada época en que esto ha ocurrido en la historia de la humanidad.
En efecto, el argumento central es que uno de los pilares de la felicidad es la expansión del producto bruto interno (apoyado en innovación tecnológica y el conocimiento) y, a partir de la utilización de diferentes instrumentos y mecanismos gubernamentales, lograr que ese pastel sea repartido de manera más equitativa entre toda la población. Esto parte del entendido de que “la economía debería preocuparse precisamente por determinar cómo podemos lograr un mayor bienestar individual y colectivo”.
Sin embargo, el dilema que nace del enfoque anterior, según el autor del ensayo, es la visión economicista a la que se reduce el tema de la búsqueda de la felicidad, en donde coinciden muchos economistas del crecimiento, apoyados por medios de comunicación y por los políticos, de que la mayor aspiración debería ser la ampliación del PIB. En contraposición, estudiosos de la historia económica, tal como Felice, plantean que, además de la renta, la preocupación debería estar, también, en la educación, en la esperanza de vida y en otros aspectos del bienestar humano, tales como la nutrición, las libertades políticas, entre otros.
En ese mismo sentido, una idea central que refuerzan los argumentos de Emanuele Felice, es la visión que existe de que “el crecimiento no es un juego de suma cero (en el que yo gano lo que tú pierdes), sino un juego de suma positiva (en el que los dos salimos ganando, porque el pastel que tenemos que repartirnos aumenta de tamaño)”. Esto coincide, además, con la hipótesis comprobada de que una mejora de las condiciones materiales puede tener un enorme impacto en la felicidad de una persona, sobre todo si esta es pobre.
Otra argumentación del autor del ensayo de marras, en que muchos economistas “han olvidado el papel que pueden desempeñar en nuestra felicidad la innovación tecnológica y, de un modo más general, la economía, liberando a cada ser humano de la necesidad y ampliando sus posibilidades de construir su propia vida según sus aspiraciones”.
Por último, y como piedra angular que sirve de conclusión de este artículo, es la referencia que hace Felice de la Declaración de Independencia de Estados Unidos, en donde uno de sus principios establece lo que sigue: “Sostenemos como evidentes por sí mismas las siguientes verdades: que todos los hombres son creados iguales; que han sido dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre esos derechos están la Vida, la Libertad y la búsqueda de la Felicidad; que para garantizar estos derechos se constituyen entre los hombres los Gobiernos, cuyos poderes legítimos derivan del consentimiento de los gobernados”.






