[dropcap]E[/dropcap]n América Latina hay un pánico cuasi colectivo por el virus del Zika, especialmente por los posibles efectos que tiene en las criaturas de hasta tres meses de gestación.
Brasil, el país más poblado de Sudamérica y que celebrará los Juegos Olímpicos en agosto de este año, está en medio de cuestionamientos sobre su capacidad sanitaria para garantizar la salud de los asistentes a la cita deportiva mundial.
República Dominicana reportó algunos casos. El Ministerio de Salud Pública ha encendido la alarma, mas no el pánico. Desde ya el Estado han iniciado campañas de orientación y de combate contra el virus.
Sin embargo, y esto daría para una buena caricatura, los mosquitos de la “raza” Aedes aegypti deben estar burlándose de quienes andan fumigando. ¿Por qué? Porque en Haití no están haciendo nada, por lo que sólo deben cruzar la frontera y esperar del lado haitiano hasta que pase el efecto del veneno.
Tampoco hay que olvidar que el mosquito que transmite el virus zika también es el mismo del chicungunya, malaria y dengue, por lo que le cabría bien el calificativo de “Súper insecto”. No importa cuánto se invierta de este lado de la frontera o cuántos anuncios y jornadas de prevención se hagan; si en Haití no se hace nada no habrá nada efectivo.
Así como se ha aprendido a lidiar con el dengue y el chicungunya, que sí son mortales, la humanidad habrá de aceptar que este virus llegó para quedarse. Lo prudente, por más recursos que se inviertan, será tener una población educada, consciente de la importancia de la higiene, de no acumular basura o agua en lugares que puedan convertirse en caldos de cultivo.
Las enfermedades, como la globalización, no tienen frontera. La humanidad de hoy está en riesgo constante y lo único que puede prevenir una pandemia, por más que se quiera ocultar, es la educación.
El mundo continúa y, véalo como quiera, no lo detiene una enfermedad viral. Y que quede entendido: el virus del Zika llegó para quedarse.











