En Estados Unidos hay ciudadanos que han tenido que pagar casi US$10 por un galón de gasolina. En el estado de California, en la costa oeste, el precio supera los US$6.70 y el promedio nacional supera los US$5.00, es decir, es un verdadero impacto que sufre la economía de este país como consecuencia de los altos precios de los combustibles.
La crisis global de precios, primero generada por el cierre de las economías y luego por el impacto que tiene el conflicto entre Ucrania y Rusia, ha puesto a prueba la capacidad de resistencia de los países.
Estados Unidos, que es un productor de petróleo y ha sabido manejar estratégicamente sus reservas, no ha podido hacer mucho para controlar lo que sucede con la cotización del petróleo. Además, se suma el hecho de que el corte de suministro de gas a la Unión Europea ha sido un gran reto, especialmente por la presión que ejerce en la cotización de este carburante en el mercado internacional.
Los consumidores, por su lado, padecen el estrés de tener que echar gasolina con precios tan altos que limitan sus otras necesidades, especialmente alimentación y salud. Esto sucede, por supuesto, en todas partes. No hay un solo país que se escape de esta realidad. Las autoridades dominicanas, verbigracia, han tenido que destinar cerca de RD$25,000 millones al subsidio de los combustibles, lo que sin duda ha impedido que otros bienes y servicios aumenten drásticamente sus precios. A pesar de esto, el Banco Central reporta una inflación de 9.47%, un nivel que se acerca a los dos dígitos.
En el caso de Estados Unidos, como productor y exportador, tiene una situación especial. En los últimos años el número refinerías disminuyó de 158 a 141 en 2020. De hecho, a principios de 2021 sólo 129 estaban en funcionamiento. Esto deja establecido la necesidad de aumentar la capacidad refinación para responder a la demanda interna y las necesidades de exportación.
Reportes de principios de semana destacaban que el petróleo subía por tercer día consecutivo ya que grandes productores como Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos parecían poco proclives a aumentar significativamente la producción, mientras que los gobiernos occidentales acordaron explorar formas de limitar el precio del crudo ruso.
En esta semana también se reunieron los líderes del grupo G7, es decir, de las naciones ricas, quienes afirmaron que explorarán una posible prohibición del transporte de crudo ruso que se ha vendido por encima de cierto precio, mientras buscan aumentar la presión sobre Moscú por su invasión de Ucrania. En este orden, la Agencia Internacional de Energía publicó un informe que señala que los ingresos por exportaciones de petróleo ruso aumentaron en mayo incluso aunque los volúmenes cayeron.
En definitiva, el contexto es complejo y el panorama no pinta optimista, por lo menos mientras persistan las variables que han convulsionado el mercado de los hidrocarburos. Lo único que se puede pedir en momentos como estos, tanto a gobiernos como a población, es ser medidos en el gasto, entender que este es un período que requiere de mesura.











