En una jugada inteligente, el Consejo Nacional de la Empresa Privada (Conep) acaba de anunciar que esa entidad está en favor de que se incrementen los salarios de los trabajadores dominicanos, pero que esto tendrá un carácter voluntario para las empresas. Varias lecturas rápidas se desprenden de esta interesante decisión.
En primer lugar, el tema lo está poniendo el empresariado, adelantándose a lo que seguramente harían los trabajadores durante los próximos meses, lo que quita presión a las demandas que se pudieran generar.
En segundo lugar, el Conep no establece límites, sino que lo deja a la capacidad y situación de cada empresa en particular, lo que lleva a negociaciones individuales, como en todo buen capitalismo.
En tercer lugar, el tema no se reduce al escenario del Comité Nacional de Salarios, lo cual es bueno pues allí solo se acuerdan, comúnmente, los niveles de los salarios mínimos.
Fuera de la intencionalidad de la propuesta, lo cierto que un aumento de sueldos y salarios siempre será música, y no de dembow, para los oídos de los trabajadores, sobre todo en un contexto de presiones inflacionarias causadas por factores externos a la economía dominicana. De ahí la reacción positiva inmediata de los líderes de las centrales sindicales, quienes ven esta como una oportunidad de oro que se debe aprovechar.
Ahora bien, detrás de esta propuesta que plantea “libre albedrío” para que los empresarios decidan si quieren -y pueden- aumentar o no los salarios de sus empleados, puede haber una estrategia no favorable para el sector laboral.
Por ejemplo, cuando se establece un acuerdo para un aumento general de salarios, muy pocas empresas pueden resistirse a otorgarlo; en cambio, con el libre albedrío el incremento de salarios y sueldos sería opcional, y ya la experiencia dice lo que pasa en esos casos.
La otra cuestión encerrada en la propuesta del Conep, es que ya la discusión referente a los niveles en que deben incrementarse los salarios de los empleados y trabajadores dominicanos, cae en otro escenario, es decir, ahora será el resultado de arreglos entre los empleadores y asalariados, y no necesariamente un mandato para un acuerdo general, lo que es un riesgo para un sector laboral que ha perdido su capacidad de compra a partir de la crisis sanitaria del covid- 19.
En efecto, un estudio que se realizó y que aporta datos sobre la realidad de los salarios en República Dominicana (Tavárez, 2021), indica que “el descalce entre el salario real mensual del 2000, con relación al de marzo de 2021, es de un 23.3%, lo que indica que, hoy día, el salario de los/as dominicanos/as es inferior -en capacidad de compra- al vigente hace ya 20 años. Este rezago, en lugar de ser coyuntural o episódico, se ha tornado en una realidad estructural que afecta el poder de compra de los/as trabajadores/as y sus familias; sobre todo, de aquellos/as menos calificados/as y de los/as perceptores/ as de salarios mínimos”.
No obstante, hay que aplaudir la voluntad de la cúpula empresarial por “tomar medidas oportunas en favor de la estabilidad y tranquilidad de los trabajadores y de sus familias”, lo cual debería ser una constante y un estilo de accionar de todas las empresas del país, independientemente de su tamaño.
Mejores salarios implica mayor bienestar para la gente, y a eso es que siempre deberíamos apostar.











