El juego de la economía es complejo y hasta podría decirse que divertido con sus riesgos, como si fuera la montaña rusa de un parque de diversiones. Las autoridades monetarias deben lidiar con situaciones sensibles en cuanto al balance que necesitan los agentes económicos para funcionar con estabilidad. Cuando no es una cosa, para alcanzar un objetivo, entonces es la otra.
Cuando la inflación ataca, porque la economía se “sobrecalentó” y se generó una demanda interna por encima de lo normal, entonces las autoridades deben tomar medidas tendentes a “tranquilizar los precios” para evitar que se produzca una situación de inestabilidad social, pues no hay nada más difícil de reparar que la pérdida del poder adquisitivo, principalmente en los quintiles más bajos.
Al bajar las tasas de interés, para que la economía responda acorde a los estándares lógicos para que genere empleos, se produce otro efecto: bajan las utilidades o ganancias por las inversiones que se hacen en bonos, títulos o cualquier otro instrumento financiero. En este caso son los tenedores de bonos quienes “echan el grito al cielo”, ya que su rentabilidad se verá afectada por la decisión de las autoridades monetarias de bajar las tasas para alcanzar otra meta: la del crecimiento económico.
Este es el tema del día a día de quienes deben vigilar estrechamente el comportamiento de los indicadores macroeconómicos, tales como la inflación (movimiento de los precios), la tasa de cambio y el crecimiento de la economía (comportamiento) a través de una herramienta que lleva por nombre el índice mensual de actividad económica (IMAE).
Cuando las autoridades suben las tasas de interés buscan incentivar el ahorro, pero cuando las bajan el objetivo es otro: dinamizar el gasto. Cada acción trae consigo una reacción. Cuando la economía necesita ser “enfriarse” porque los precios podrían afectar los planes de crecimiento, lo único que hay como alternativa es hacerlo sí o sí, pues la inflación podría tragarse cualquier aspiración de crecimiento.
Sin embargo, es pertinente señalar que la inflación no es mala en sí, sino su expansión abrupta y descontrolada. Cuando los precios suben demasiado a un ritmo difícil de absorber por los agentes económicos, llega la incertidumbre, generando que las personas sigan comprando hoy para evitar comprar más caro mañana. Este escenario es lo que lleva al incremento de la demanda por las expectativas que hay sobre lo que “casi seguro” pasará mañana.
En definitiva, cuando se decide realizar una inversión pueden pasar dos cosas: perder o ganar. Quienes invierten en instrumentos financieros, por éste el caso que nos ocupa, deben diversificarse, es decir, poner los huevos en diferentes canastas, ya que el mercado financiero responde a situaciones coyunturales.
Asesorarse con un experto es lo más factible, ya que están en capacidad de anticipar algunas de las cosas que pudieran suceder en el mercado. Y os digo de cierre: aún así los riesgos persiguen al inversionista, pues son intrínsecos del mercado.










