Hay que entender algo: el bienestar financiero no se trata solo de dinero. Esa es la razón por la cual, ser financieramente saludable, es una pieza fundamental del bienestar general. De hecho, tener en balance este aspecto de la adultez puede mejorar dramáticamente la vida y prevenir dificultades.
En ese sentido, la salud financiera significa que se tiene la capacidad de alcanzar metas, aprovechar las oportunidades, y su estabilidad económica le brinda flexibilidad para perseguir sus sueños. Sin embargo, la única forma de lograrla es a través de la educación financiera, y un trauma en ese aspecto puede ser un gran reto.
Tal como explicó el asesor financiero Manuel V. Vílchez a elDinero, los traumas financieros no son más que experiencias negativas vividas en el pasado que han tenido un impacto en el bienestar económico de una persona.
¿Trauma financiero? ¿qué es?
“Los considero como un freno para la creación de riqueza, generación de ingresos y progreso para una persona. Es un sentimiento o miedo a las finanzas por alguna situación vivida en el pasado, o una transferida por herencia, incluso de cuando eres niño/a”, detalla el experto en finanzas.
Un trauma financiero podría definir como una persona se relaciona con el dinero. De acuerdo con Vílchez, esas experiencias “traumáticas” provocan que las personas sean extremistas con relación al gasto. “He tenido clientes que necesitan tener un buen fondo de emergencia, o muy buenos ahorros, para sentirse seguros porque en algún momento han pasado crisis financieras, o sus familiares”, cita.
Es así como las experiencias que se viven durante la infancia, junto a los padres, tienen un efecto en las conductas como adultos. Aprovecha para citar ejemplos, como cuando se vive en un hogar en el cual, constantemente, se expresa el estrés financiero, hay cobradores acercándose, o hasta se dejan de pagar servicios básicos por falta de dinero.
Dichos escenarios pueden no solo convierte en un problema familiar, sino también en un trauma. “Cuando somos adultos y estamos consiente de que esto, no queremos que se repita en nuestras vidas, o que nuestros hijos vivan estas experiencias, hacemos todo lo posible para mantener nuestras finanzas organizadas”, dice. Pero eso es en el mejor de los escenarios.
“Hay otros casos que simplemente replican estas conductas porque la normalizan”, lamenta. Si bien se trata de una visión desde su posición como asesor financiero, y asegura que no hay un patrón absoluto, entiende sí hay conexiones entre las carencias que se tienen en la infancia y cómo se administra el dinero.
Están los casos en los cuales las personas crecen con limitaciones financieras en sus hogares, y cuando empiezan a generar ingresos significativos, suelen gastarlos en compras innecesarias para sus vidas, pero que sí satisfacen esos “gustos o deseos” que tienen desde hace años y no habían podido cumplir. Incluso, esto provoca que, en algunas ocasiones, estos adultos alcancen un alto nivel de endeudamiento por bienes materiales, y también para demostrar su progreso.
Volviendo a la otra cara de la moneda, cita los casos en los que los traumas financieros han desencadenado en una organización estricta de las finanzas. “He tenido casos de personas que las carencias las ha marcado tanto que se ocupan de organizar sus finanzas, establecen presupuesto mensual, cumplen con sus metas de ahorros, invierten y hace todo lo posible para que, independientemente lo que pase, no vuelvan a vivir una etapa de ‘carencia’ en su vida”, sostiene.
Lo anterior demuestra que, ante una situación traumaste, las respuestas pueden ser distintas. De acuerdo con el Instituto Nacional de Salud Mental (NIMH), las personas pueden experimentar una variedad de reacciones después del trauma y la mayoría se recuperará de sus síntomas con el tiempo. Aquellos que continúan experimentando síntomas pueden ser diagnosticados con trastorno de estrés postraumático (TEPT).
En el peor de los casos, es importante que las personas con algún trauma trabajen con un profesional de la salud mental que tenga experiencia en el tratamiento del TEPT.
Repuesta financiera
Parte de la vida adulta es la independencia financiera, cuando se consigue un trabajo y se empieza a generar dinero. Es decir, cuando ya no se depende de los padres para costear las necesidades. Cuando se llega a esa etapa de la vida, el asesor asegura que es crucial gestionar adecuadamente las finanzas para asegurar la estabilidad y el crecimiento a largo plazo.
Para esto, cita algunos consejos básicos:
- Establecer metas financieras
- Crea un presupuesto
- Controla los gastos impulsivos
- Educarse financieramente
- Invertir
Si bien no hay una fórmula definitiva, en vista de que el “balance” puede ser distinto para cada persona de acuerdo con lo que tenga, quiera y de su situación financiera, aun así, para acercarse a ese ideal, recomienda priorizar la estabilidad a mediano y largo plazo. “Al final, el balance financiero no es más que esa armonía entre disfrutar en el presente y asegurar un futuro estable financieramente”, añade.
Asimismo, para tener finanzas personales saludables es vital contar con estabilidad y claridad mental. “La estabilidad nos permite tomar mejores decisiones financieras, establecer metas claras, mantenernos enfocados, gestionar el estrés y estar preparado para los retos del día a día”, dice.
Esa es la razón por la cual es vital priorizar la salud mental y emocional para mantener las finanzas en igual estado.
Descargo
El trauma financiero, en sí mismo, no es un diagnóstico de salud mental, sin embargo, sí puede desencadenar o agravar condiciones existentes. De hecho, de acuerdo con Vílchez, puede tener un impacto significativo en la salud mental de una persona y puede contribuir al desarrollo de problemas de salud mental, como ansiedad, depresión, estrés postraumático o trastornos relacionados con el estrés.
“Es importante tener en cuenta que los diagnósticos de salud mental son hechos por profesionales de la salud mental calificados, como psicólogos o psiquiatras, a través de evaluaciones clínicas y entrevistas”, detalla. Estos profesionales consideran una serie de factores, incluidos los síntomas específicos y su duración, antes de hacer un diagnóstico y recomendar un tratamiento.











