A pesar de que los expertos reconocen que la población dominicana tiene niveles relativamente elevados de acceso a los productos y servicios financieros, el uso de esos productos es bajo cuando se compara con niveles de países desarrollados.
Según datos oficiales, 43% de la población posee una cuenta de ahorro, el 28% tiene una cuenta de nómina, el 2.3% se beneficia de un préstamo hipotecario y el 23% utiliza una tarjeta de crédito.
Ese uso elevado de dinero efectivo tiene efectos considerables sobre las economías modernas, que van desde el aumento de la economía informal hasta la inseguridad para la población, comenta Delma Reyes, gerente general de MasterCard en República Dominicana.
“Aunque para muchas personas pagar en efectivo puede parecer más cómodo y económico, en realidad, el uso del efectivo es más complicado y costoso, no sólo para los individuos sino para el comercio y las sociedades en general”, expresa Reyes.
Explica que los ciudadanos y los negocios sufren la inseguridad que implica usar efectivo, así como los efectos de tener menor control sobre las transacciones.
“Los costos del efectivo son inmensos y quien los asume realmente es el consumidor final en el precio de los bienes y servicios”, agrega.

El uso de dinero en efectivo está vinculado con la inequidad social, debido a que las personas que viven en condiciones de pobreza experimentan dificultades en el día a día para mantener un flujo de efectivo continuo, lo cual les desincentiva el uso de medios de pago distinto al efectivo.
Los ingresos bajos e inestables tienen el efecto de socavar la capacidad de los hogares de desarrollar suficiente “holgura” financiera que permita a las familias sostenerse durante periodos de mayor adversidad, lo cual les hace más vulnerables y perpetúa el ciclo de pobreza.
Los expertos de MasterCard consideran que “una falta generalizada de alcance de la infraestructura financiera, acompañada de la dependencia exclusiva sobre instrumentos de pago basados en el papel, puede generar distorsiones socioeconómicas y desigualdad”.
Agregan que la inequidad social y la desigualdad de ingresos se encuentran altamente relacionadas con una tasa alta de uso del efectivo en las transacciones.
Por otro lado, el manejo de efectivo expone a las empresas a riesgos como la falsificación, el robo y los atracos, lo cual les obliga a invertir en costosas medidas de seguridad, que incluyen cámaras de vigilancia, guardias de seguridad, vehículos blindados, almacenamiento de valores en cajas fuertes, máquinas registradoras de efectivo y capacitación en la detección de billetes falsos.
El uso de papel moneda pone en especial riesgo a taxistas, mensajeros y dependientes de tiendas, quienes manejan a diario grandes cantidades. Esta situación se puede resolver. Según estudios, “80% de los ladrones potenciales serán disuadidos si las tiendas limitan la cantidad de efectivo que mantienen en las cajas registradoras”.
En Estados Unidos, el robo por parte de los empleados es la segunda causa más importante de las pérdidas de inventario luego de las pérdidas por atracos, seguido por fraude de los proveedores.
Informalidad
La economía informal tiene en el uso de dinero en efectivo una vía para funcionar, con efectos en las recaudaciones, la seguridad y la calidad del empleo. La evasión perjudica las finanzas públicas y, por ende, los planes de gasto en beneficio de la población.
Por otro lado, la falta de vigilancia de parte de las autoridades puede motivar al empleo de baja calidad, a la subdeclaración de salarios y el desconocimiento por completo de la seguridad social.
Adicional a esto, una alta tasa de uso del efectivo posibilita la corrupción, debido a que “la naturaleza anónima del efectivo facilita los comportamientos ilegales”, según los expertos de MasterCard en un estudio de la empresa.
Dificultad para medir
Las dificultades para medir el comportamiento de la economía informal es un obstáculo para conocer con exactitud la realidad de los países y poder diseñar políticas que se ajusten a las necesidades, sostiene Delma Reyes, directiva de MasterCard en el país.
“Muchos países de América Latina y el Caribe tienen porciones importantes de sus economías sin ser vigilados y, ultimadamente, que no contribuyen en forma alguna a sus gobiernos para reinvertir en el mejoramiento de sus sociedades”, asegura.
Avance en inclusión financiera
República Dominicana es uno de los países del Caribe donde los subsidios prepagos para alimentos, asistencia educativa, electricidad, gas y servicios de salud juegan un papel clave en la promoción de la inclusión financiera, así como en el mejoramiento de la eficiencia por medio del aprovechamiento de los medios de pago electrónicos en vez de las soluciones basadas en el papel o el pago de subsidios en especie.
En América Latina hay otros ejemplos, como Colombia, donde la aplicación de tarjetas prepago han estimulado a casi el 100% de los usuarios a abrir cuentas de ahorro.












