[dropcap]E[/dropcap]sta es una historia con una larga trayectoria. En la época moderna, en 1963 específicamente, la Corona Inglesa introdujo el Stamp Duty, por el cual ninguna transacción de Renta Variable podía ser llevada a cabo sin la presentación de dicho sello a modo de impuesto. En los Estados Unidos dicho impuesto duró desde el 1914 hasta el 1965.
En momentos de grandes crisis financieras este impuesto ha sido justificado, quizás erradamente, para disminuir la volatilidad.
El más famoso de los economistas en proponer este tipo de impuestos fue John Keynes, quien en 1936 lo propuso de manera temporal para reducir la volatilidad del mercado de renta variable. Posterior a esto, en 1978 el economista James Tobin propuso una variante para el mercado de divisas y así intentar controlar la volatilidad causada por la recién ruptura de los Acuerdos de Bretton Woods.
Después del gobierno de Ronald Reagan este tipo de impuesto fue abolido en la mayoría de las grandes economías. Primordialmente, ya que ha sido comprobado por Edwards en 1994 y otros que un impuesto indirecto crea un efecto cascada, que aniquila los mercados de capitales nacientes (FMI WP/01/67 Ej: Argentina, Brasil, Perú, Venezuela), distorsiona el valor de los activos y las industrias, y aparenta incrementar la volatilidad.
Tanto el estudio del Fondo Monetario Internacional, como el estudio hecho por el Instituto Brookings del 2015, concluyen que este tipo de impuesto indirecto siempre va a ser, en el mejor de los casos, una peor opción ante el impuesto directo a la ganancia neta.
¿Cómo puede ser posible que en la Unión Europea y los Estados Unidos se esté contemplando este tipo de impuesto después de existir tanta evidencia en contra de un impuesto a las Transacciones Financieras? Esto se podría explicar gracias a la crisis financiera del 2008, cuando en Estados Unidos y Europa se utilizaron fondos públicos para salvar muchas de las grandes instituciones financieras.
Si a esto se le añade el hecho de que en los últimos veinte años el 1% de la población se ha ganado el 90% de la nueva riqueza que se ha creado, no es difícil entender cómo socialistas populistas de la magnitud de Bernie Sanders, estén aprovechando el dolor de tanta gente para proponer este tipo de impuesto con el seudónimo de Impuesto Robin Hood.
En mi opinión, esto no es más que demagogia, ya que la mayoría de la evidencia muestra que estos impuestos indirectos son tan ineficientes como contraproducentes, especialmente a mediano y largo plazo.
Si bien los expertos están divididos por sus líneas ideológicas en los méritos de un impuesto a las transacciones financieras, los que lo apoyan, lo hacen bajo el falso entendido de que quien paga este impuesto son los “ricos” y las grandes instituciones financieras. En ninguna de las propuestas actuales para impuestos a las transacciones financieras se incluye un impuesto a las transferencias y/o pago de cheques tal cual como es en República Dominicana actualmente.
La explicación a esto es que más allá de que usted piense que un Impuesto Robin Hood sea justo o no, está más que comprobado que un impuesto a las transferencias bancarias y/o al cheque es un impuesto regresivo ya que tiene un efecto, indirectamente, desproporcional en los más pobres. Adicionalmente, reduce la recolección de otros impuestos ya que este tipo de impuesto incentiva la informalidad.
Adicional a esto, reduce el tamaño del sistema financiero local, pues crea un gran incentivo para el Offshore Banking. Para citar al reconocido economista local Ernesto Selman, “si existen paraísos fiscales, es porque hay infiernos tributarios”.
Un gobierno inteligente entiende estos incentivos. Por todas estas razones es que la mayoría de los participantes del sistema financiero local dominicano entiende que, en nuestra próxima Reforma Fiscal, nuestro impuesto a las transferencias, cheques, etc., llamado comúnmente como el .15%, debe ser eliminado.










