Durante esta semana, se celebró en el país la 46ª reunión de la Comisión Técnica de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y el Centro Interamericano para el Desarrollo del Conocimiento en la Formación Profesional (Cinterfor), teniendo como anfitrión al Instituto Nacional de formación Técnico Profesional (Infotep), y siendo el tema central de este evento “La formación profesional como eje del desarrollo económico y social”, con temas para abordar como son los desafíos que los cambios tecnológicos, demográficos y ambientales plantean para el mundo del trabajo y la propia formación.
Históricamente, la incidencia de la educación técnica en el desarrollo económico y social ha sido un tema de debate. De hecho, algunos autores llegaron a proponer modelos econométricos que permitían determinar los niveles de expansión económica de un país, explicados a partir de la cantidad de mano de obra que se podía formar en procesos de aprendizajes vinculados a la educación técnica y la formación profesional.
Y lo cierto es que este tipo de formación ha llegado a ser un pilar fundamental para la equidad y la productividad de los países, así como un elemento que contribuye a la mejora de las condiciones de acceso igualitario a la educación, al empleo, al emprendimiento y al trabajo decente (Unesco, s/f).
Sin embargo, dos cosas han estado siempre en cuestionamiento en lo relacionado con la educación técnica y su aporte al desarrollo y al crecimiento económico. Uno de estos es si, ciertamente, los conocimientos técnicos y las habilidades que son adquiridos por los estudiantes en los centros que imparten este tipo de formación, están a la par con los modelos y métodos de producción de las empresas modernas.
Probablemente la respuesta a esta interrogante es que no hay forma en que un centro de formación tenga la capacidad económica de adquirir equipos y maquinarias para la enseñanza, del mismo nivel que lo hace una empresa para fines productivos.
Ahora bien, lo que sí debería existir es un mecanismo que permita un acercamiento mayor entre los futuros trabajadores y las empresas que lo acogerán en el mediano plazo. Y hablo de algo más allá del sistema dual alemán, modelo exitoso que ha sido implementado con éxito en múltiples países; lo que propongo es un esquema de vinculación empresa-centro, que empiece desde el mismo momento en que inicia el proceso de enseñanza y aprendizaje, de modo que el joven vaya conociendo el mundo laboral.
Y esta propuesta nace, efectivamente, de un estudio que realizamos en donde se abordó el problema de la escasa articulación que tenían los centros de educación técnica que formaban a los jóvenes en oficios y habilidades para que accedieran al mundo laboral, siendo una de las conclusiones el poco relacionamiento que tenían estos con las empresas del entorno en donde operaban.
De hecho, en algunos lugares, en donde existen zonas francas, estas han optado por financiar la formación de sus futuros trabajadores, dotando a los centros de formación de equipos y maquinarias para la capacitación, al tiempo que le pasaban las características de los puestos de trabajo que estos iban a ocupar.
Tengo conocimiento de que el Infotep es la institución líder en el sistema nacional de formación técnico profesional, y que sus egresados son altamente demandados por las empresas; pero hay que ver más allá, es decir, lo que está ocurriendo en algunas zonas en donde solo existen centros operativos del sistema, pero estos no pueden suplir lo que demandan las empresas.
La incidencia de la educación técnica en el desarrollo no está en discusión, pero hay que asegurarla a través de modelos que acerquen más a los trabajadores de sus potenciales contratantes.










