Llevar una dieta balanceada es vital para el desarrollo de los niños. De acuerdo con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), al menos uno de cada tres infantes no crece de manera adecuada porque sufre de retraso en el crecimiento, emaciación o sobrepeso, las cuales se traducen en malnutrición.
El informe destaca que invertir en la nutrición infantil es fundamental para la formación de capital humano, ya que favorece el crecimiento, desarrollo cognitivo, rendimiento escolar y la productividad.
Ante esta situación, surgen los programas de alimentación escolar. Cerca de 80.3 millones de niños de los niveles preescolar, primario y secundario se beneficiaron de programas de alimentación escolar en la región de América Latina y el Caribe (ALC) durante el 2022.
La mayoría de estos infantes vive en América del Sur (63.2 millones), 13.3 millones en América Central y 3.8 millones en el Caribe. Así lo indica el estudio “Estado de la alimentación escolar en América Latina y el Caribe 2022” realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA). El objetivo de los proyectos es brindar acceso a una mejor alimentación, pero se han convertido en una fuente de puestos laborales.
El informe señala que por cada 100,000 niños que reciben raciones de alimentos durante su jornada educativa se crean 538 empleos directos. De esta cantidad, la mayor parte son cocineros (347). Les siguen empacadores (93), transportadores (55), administradores (21), procesadores (19), inspectores (2) y supervisores (1).
Financiamiento
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) fija el costo de un plato de alimentos en US$4.08 al día per cápita, no obstante, el 22.7% de la población latinoamericana no puede acceder a una dieta saludable.
A través del programa de alimentación escolar, el BID indica que el costo anual por niño varía según el nivel de ingreso del país: bajo (US$10), medio-bajo (US$23), medio-alto (US$86) y alto (US$293). En tanto, por subregiones, en América Central, Sur y Caribe, US$41, US$119 y US$213, respectivamente.
La inversión regional estimada en comida escolar osciló entre US$3,600 y US$7,600 millones en 2022, según el BID. En los países de alto y medio-alto ingreso, estos programas se financian por el presupuesto nacional, mientras que en las naciones de ingreso medio el panorama cambia. Estadísticas apuntan que el 90% es subsidiado por el gobierno, un 6% por donantes internacionales y 4% por el sector privado.
Panorama dominicano
Alrededor de 1.8 millones de infantes en República Dominicana se benefician del Programa de Alimentación Escolar (PAE), según establece el Instituto Nacional de Bienestar Estudiantil (Inabie).
Bajo el compromiso de aumentar el número de estudiantes que cursan la jornada extendida, proporcionar el 70% de nutrientes y reducir el porcentaje de azúcares y grasas, esta acción le resta presión a los bolsillos de miles de familias.
En 2022 se reportaron 581,149,047 raciones distribuidas a través del programa. De esta cantidad, 196,820,477 fueron desayunos en la tanda extendida, 189,129,882 de almuerzo, 132,295,094 de merienda y 62,903,594 desayuno de tanda media.
Al desglosar las estadísticas de enero-septiembre de 2023 se distribuyeron 46,452,246 raciones menos que igual período 2022, es decir, un -10.8%. En tanto, en 2020, pese a la pandemia, los datos de Inabie reflejaron que se distribuyeron 0.3% más raciones que en 2022. En términos absolutos son 1,817,631 platos más.
Inversión
El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) destaca que la malnutrición sigue afectando gravemente a los niños. En 2018, casi 200 millones de infantes menores de cinco años sufrían de retraso en el crecimiento o emaciación, mientras que al menos 340 millones sufrían de hambre oculta.
Además, el organismo internacional indica que la nutrición debe considerarse como una inversión estratégica para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de cara al 2030 y que debe situarse en el centro de las políticas públicas, con el apoyo de los principales agentes interesados. Se calcula que por cada US$1 que se invierte en la reducción del retraso en el crecimiento, los países reciben US$18.













