No caben dudas de que la administración pública en República Dominicana ha dado importantes pasos de avance, los cuales se muestran no sólo en la mejoría de determinados servicios públicos, sino también en la forma en que se gestionan las instituciones y en cómo se está concibiendo y visualizando el futuro desde estas entidades.
Aunque muchas personas lo ignoren, la existencia de una Ley de Estrategia Nacional de Desarrollo (END, 2012) ha permitido establecer una visión de largo plazo del Estado dominicano, así como unos objetivos globales vinculados a las expectativas de desarrollo económico y social.
Concomitantemente, el diseño e implementación de un Plan Nacional Plurianual del Sector Público, alineado a la END, busca asegurar que los proyectos de inversión pública respondan a las necesidades de la población vulnerable, territorialmente hablando, así como al propósito último de las políticas públicas actuales, que es mejorar la calidad de vida de la gente.
Con conocimiento de causa, sé que, desde adentro de un importante número de instituciones de carácter público, se están creando planes estratégicos y operativos cuya motivación va en varias vías, la primera de las cuales es establecer una ruta crítica que posibilite instaurar un orden de prioridades, conforme una agenda país, así como eficientizar los procesos y procedimientos, de cara al fortalecimiento de la transparencia y la lucha contra la corrupción. Sin embargo, no es un proceso fácil pues lo primero con que se tiene que lidiar es con que existen muchas necesidades y problemas y, al mismo tiempo, pocos recursos, por lo que se tienen que realizar malabares para una asignación presupuestaria que sea lo más justa posible.
En esa misma línea, los avances que se verifican en la gestión de las finanzas públicas dominicanas es otro indicador de que, poco a poco, se ha estructurado un modelo de actuación que, en cierta medida, puede llegar a imitar a la gestión privada e incluso a superarla. De esa manera, nos estamos acercando a lo que Waissbluth, M., y Larrain F. (s/f)) plantean como un modelo de gestión pública ideal, en donde confluyan la propuesta de valor del gobierno, los objetivos públicos, la oferta de servicios, la estrategia de alianzas público-privadas, los procesos y funciones de apoyo y soporte y la forma en que se medirán los resultados a partir de la implementación de los planes que han sido concebidos.
Otro indicador de avance en cuanto al modelo de gestión pública que se ha venido creando y fortaleciendo en el país, es la gestión presupuestaria, lo cual se inició con el fortalecimiento institucional de la Dirección General de Presupuesto (Digepres), en 2012, y luego con la implementación de otras importantes iniciativas vinculadas al proceso presupuestario, especialmente, a lo relacionado con el seguimiento a la ejecución del presupuesto.
La modernización de las oficinas recaudadoras del Estado, tales como las direcciones de Impuestos Internos y de Aduanas, constituyen también elementos que se destacan en el proceso de mejora de la gestión pública dominicana. En ese mismo orden, la tecnificación de determinados servicios estatales es una prueba fehaciente de que la administración pública dominicana no solo se moderniza, sino que innova y se actualiza, convirtiéndose, en algunos casos, en una mejor práctica que está siendo imitada por otros países de la región.
En esta parte se deben destacar los servicios ofrecidos por la Junta Central Electoral, y también los que tienen que ver con la emisión de licencias de conducir. Entiendo que faltan muchas cosas por resolver en el país en lo concerniente a la mejora de la calidad de vida de la población vulnerable, pero, sin lugar a duda, estamos avanzando poco a poco.











