Hace alrededor de 13 años que Scarlet Santana, oriunda de San Cristóbal, salió de su tierra, República Dominicana. Llegó a Chile en busca de nuevas oportunidades y mejorar la calidad de vida a sus cuatro hijos. Ella es una de los 1,482,390 inmigrantes insertados en el mercado laboral del país suramericano.
Santana explica que llegó a Chile a través de unos viajes que se hacían, en donde una familia solicitaba una persona para que trabajara en su casa como doméstica. En el vuelo se iban una chilena y la dominicana que se seleccionaba, tal como fue su caso. Sin embargo, comenta que luego de llegar con esa familia solo duró dos años, ya que tenía que cuidar a dos niñas que desde que los padres se iban se ponían a llorar, acción que entendía le podía traer problemas, por lo que prefirió marcharse.
Luego decide unirse con otras dominicanas y rentan una pieza, en la que ocupaba la cocina y pagaba $200,000 pesos chilenos, es decir, cerca de US$225. Poco después retornó a República Dominicana por unos meses y luego volvió a Chile y comenzó a trabajar en una tienda de ropa. “Pasaron los años, trabajé hasta los domingos, traje dos de mis cuatro hijos hasta que pude pagar la deuda de los pasajes y traerme los otros dos”, recuerda.
Cometa que, tras tener a su familia en el mismo país, se interesó por continuar sus estudios, ya que solo había llegado hasta tercero de media (quinto de secundaria) y con esto ser un ejemplo para sus vástagos. Señaló que hizo tercero y cuarto de media y que fue la mejor de su sección, por lo que ganó un premio, el cual le despertó su deseo de seguir preparándose académicamente.
“Cuando hice la carrera fue para ser un modelo para mis hijos, por si un día yo no estoy ellos vean que sí puede ellos también lo pueden hacer”, afirma mientras recordó que su hijo mayor tomó el premio que se ganó y le dijo que el próximo sería el de él.
Santana se hizo técnica profesional en Asistente en Educación de Párvulos, que es una carrera que trabaja con infantes y la que ejerció por un año debido a la distancia. Poco después, inició como camarista en el Hotel Panamericano, ubicado en la esquina de las calles Teatinos y Huérfanos, en Santiago de Chile, el cual se ha convertido en un espacio que ha brindado empleos a un alto porcentaje de dominicanos.
Sector hoteles y restaurantes
El sector hoteles y restaurantes es uno de los pilares de la economía chilena, lo que se refleja en su aporte del 1.8% en el producto interno bruto (PIB) en 2022, según el Banco Central de ese país. Además, en actividades de alojamiento y servicio de comida se generaron 405,000 empleos.
De acuerdo con el Servicio Nacional de Capacitación y Empleo (Sence), la actividad económica ocupa el tercer lugar de los de mayor incidencia con trabajadores de extranjeros con un 11.3%, solo por debajo del comercio que tiene una participación de 24.4% y los servicios personales 20%. A estos les siguen, la industria manufacturera y la construcción, 9.4% y 8.5%, respectivamente.
Juana López (nombre ficticio) también labora como camarera en el hotel hace un año, lo que la coloca como parte del 44.9% de mujeres extranjeras integradas al mercado laboral. El motivo de emigrar al país suramericano fue para “conseguir una mejor forma de vida” y estar cerca de su hermana, quien lleva ocho años residiendo en la nación.
López sube su mirada y esboza una sonrisa y dice: “de Dominicana echo de menos las playas, la gente y la libertad”, asegura. No obstante, destaca que en Chile hay productos que le hacen recordar el sabor de Quisqueya como los víveres, frutas, café y enlatados.
Oportunidades en el mercado laboral de inmigrantes
De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) reporta que en Chile la cantidad de inmigrantes asciende a 1,482,390.
De esta cantidad, ocupados en diversos sectores se registran 973,450, donde el 55.1% son hombres y el 44.9% mujeres.
Venezuela se coloca como el país de origen que concentra la mayor número de migrantes que fueron a Chile, por debajo se encuentra Haití y en tercer lugar Colombia.
Conforme con los datos, la edad promedio de los migrantes es de 37 años y los que están insertados en el mercado laboral realizan una jornada de trabajo por 47 horas a la semana en promedio.













