[dropcap]E[/dropcap]l impacto de las microfinanzas en la reducción de la pobreza está vinculado al crecimiento en el número de préstamos otorgados por las instituciones de microcrédito al sector de la micro y pequeña empresa (Mype).
Es decir, en la medida en que se expande la cartera de crédito de estas instituciones, en esa misma medida se presume que las Mype han tenido acceso a recursos financieros para fines de inversión en capital de trabajo u otros renglones.
Se presume que en la medida en que las unidades productivas de menor tamaño relativo reciben fondos en préstamo, esto tiene una repercusión en la cantidad de empleos que se genera en la economía. A todo lo anterior se le denomina inclusión financiera, proceso que “empezó en América Latina con el otorgamiento de préstamos a personas pobres para que constituyeran microempresas”.
Esto ha derivado, según estudios e investigaciones, en que “personas de bajos ingresos ahorran, realizan pagos, contratan seguros y utilizan una variedad de otras herramientas para manejar complejos aspectos de sus vidas”.
Esta inclusión financiera ha permitido que la región de Centroamérica y el Caribe haya acumulado, a junio de 2015, un total de US$1,600 millones en cartera crédito, de los cuales República Dominicana tiene alrededor de US$638.7 millones, según la Red Dominicana de Microfinanzas (Redomif).
Datos adicionales recopilados de la Red Centroamericana y del Caribe (Redcamif) dan cuenta de que en la región existen alrededor de 1.3 millones de clientes, de los cuales RD tiene 557,000, casi un 44.0%, agrupados en 29 entidades especializadas en microfinanzas, tanto reguladas como no reguladas por la autoridad monetaria y financiera de República Dominicana.
Para validar nuestra hipótesis inicial de que las microfinanzas contribuyen a la reducción de la pobreza, veamos el enfoque de Gulli (1999) sobre este tema. Este autor habla de un enfoque de nuevo minimalismo, en donde se plantea que el otorgamiento de préstamos debe conducir a un alivio de la pobreza, pero también a facilitar la realización plena del potencial de las personas.
Obviamente, no se quiere establecer con esto que la pobreza “únicamente” se reduce a través del microcrédito, pues se sabe que este fenómeno tiene características nacionales, y es responsabilidad de los Estados invertir en áreas como la salud, la educación, agua y saneamiento, infraestructura, etc., para contribuir con su alivio y eliminación. Pero es claro que las microfinanzas ayudan… y mucho.












