Crecer, sea mucho o poco, es mejor que retroceder. Ahora bien, si la expansión del producto interno bruto (PIB) se queda corta respecto a las expectativas y el potencial, entonces sí es un tema a considerar para análisis. Todo, por supuesto, está relacionado con la incapacidad que tiene un lento desempeño económico de generar empleos de calidad, que es, a final de cuentas, uno de los objetivos principales de cualquier economía.
El Banco Central (BCRD) informó que el indicador mensual de actividad económica (IMAE) registró una expansión de 4.7% en diciembre de 2023, la tasa mensual más alta durante el período. Con estos datos, aún preliminares, la economía cerró el año con una expansión de 2.4%. No pongo “apenas” porque este nivel de crecimiento resulta satisfactorio en un entorno global matizado por una lucha sin cuartel contra la inflación y los bancos centrales de Estados Unidos y Europa “piensan” si ya es tiempo de bajar los tipos de interés.
En vez de preocuparse, lo que sí deben hacer las autoridades dominicanas en ocuparse de lograr que esta expansión llegue al doble en este 2024. Y sé que es posible. El gasto público de capital será mejor, a propósito del contexto de campaña (pero es inversión de todos modos), lo que genera encadenamiento en la economía.
¿Lamentarse? Jamás. Quizá no estemos en el nivel de celebrar, pero sí de sentirnos satisfechos, toda vez que el crecimiento de 2.4% por lo menos está por encima del promedio de 2.2% estimado para América Latina por el Banco Mundial en su más reciente publicación de “Perspectivas de la Economía Mundial” de enero de 2024.
Siendo optimista, se puede observar que el desempeño de la economía dominicana presenta una tendencia creciente, al registrar una expansión del PIB de 4.2% en octubre-diciembre de 2023, superior al 2.6% observado en julio-septiembre de ese año y al 3.3% del último trimestre de2022.
Sin embargo, hay que ser realista. El 2.4% de crecimiento que publica el Banco Central para 2023 es, al mismo tiempo, el más bajo de las últimas tres décadas, sacando del análisis las crisis de 2003, 2009 y 2020. Para ser justos, también, resulta oportuno que este bajo crecimiento es por las secuelas de la pandemia y los conflictos bélicos escenificados en Medio Orienta, Ucrania y, más recientemente, aunque nada que ver ahora, la guerra que mantiene Israel con Hamás.
En todo caso, República Dominicana tiene algo que cualquier país quisiera tener: estabilidad política, económico y social. Combinadas, estas tres variables son fundamentales para garantizar certidumbre al capital que, sobre todo, es el responsable de generar bienestar en la sociedad.
¿Hay que mejorar el modelo económico de República Dominicana? Por supuesto. El hecho de que estemos creciendo, a veces más y otras menos, nos indica que algo tenemos que hacer para lograr sostenibilidad. El déficit fiscal es recurrente en el tiempo y eso, a la larga o a la corta, tiende a desembocar en una situación de insostenibilidad.











