El carnaval dominicano es una de las festividades culturales más divertidas y coloridas. La fiesta se realiza durante cada domingo de febrero, llegando a extenderse hasta la primera semana de marzo. Finaliza con un gran desfile, que se celebra el último domingo de febrero en la capital Santo Domingo. Allí, representantes de cada provincia acuden junto a sus comparsas.
El carnaval se corona por la vistosidad de comparsas y trajes, por lo pintoresco de sus personajes y la ocurrencia de sus asistentes. Sin embargo, el proceso de confección de estos trajes conlleva de tiempo, esfuerzo y, por supuesto, una inversión económica.
Franklin Hurtado o Guardia, como lo conoce la mayoría, empezó a interesarse por la elaboración de trajes de diablos cojuelos desde que era un niño. Durante una entrevista para elDinero, narra que creció en el barrio de Villa Francisca desde el huracán George y de ahí se iba hasta la Doctor Betances donde vivía una señora que en ese momento era la gurú de los disfraces del Distrito Nacional.
“Yo llegaba a las 5:00 o 7:00 de la mañana donde ella y me daban las 3:00 de la tarde viendo todo el proceso”, comenta desde su máquina de coser.
“Cuando mi mamá supo que me dedicaría a esto se puso contenta porque ella decía que eso me sacaba de la calle y cuando escuché eso dije bueno, voy a prender esto; entonces, aprendí a coser y decorar y busqué los medios para llegar con Tony Berenjena, como se conoce el lugar donde primero conocí el oficio, donde duré seis años”, explica.
Evolución
Hurtado cuenta que en los noventa la confección de trajes iniciaba de diciembre a febrero, ya que la fabricación de los disfraces era sencilla. Constaban de dos piezas, un pantalón unido a un camisón de mangas largas en cuyas extremidades llevaba arandelas, y otra pieza consistente en un cubrecabeza que caía hasta los hombros.
Sin embargo, con la integración de nuevos elementos como las telas de brillo, plumas, lentejuelas, marabú, colcha, pana, soutaches, canutillos y otros similares debe trabajar todo el año para que las cinco comparsas con las que trabaja (que constan de 30 a 40 personas) y los trajes individuales estén listos en febrero. “Hemos evolucionado de usar satín a incorporar nuevas telas y elementos”, explica.
En la actualidad los disfraces se dividen en dos categorías por disposición del Ministerio de Cultura: la primera en trajes tradicionales y la segunda en trajes de fantasía, porque cuando estaban ambas categorías concursaban en el desfile nacional siempre ganaban los de fantasía por su vistosidad y creatividad.
El propietario de: “Creaciones Dios Primero” describe que la génesis de un traje empieza en el subconsciente del cliente y de ahí va a un diseñador que mediante descripciones trata de plasmar la idea. Ese diseño pasa a manos del taller donde junto con herreros, que preparan la estructura de los trajes, zapateros y careteros de La Vega que realizan las máscaras de hasta materiales reciclados, donde lleva a cabo el disfraz.

Sustenta que los trajes son costosos, dado que, solo la tela puede costar hasta RD$7,000, ya que deben importarla desde China y otras partes del mundo. “Un disfraz completo sin zapatos y elementos decorativos sale en promedio en RD$40,000. por lo costoso del vestuario las comparsas recurren a patrocinadores o deben ahorrar todo el año.
En su taller trabajan “sus hijos pegados” que al igual que él son jóvenes que desde muy temprana edad se apasionaron por la confección de trajes cojuelos. “Ellos empezaron desde muy pequeños y se buscó el medio para que ellos estuvieran trabajando esto”, afirma con una sonrisa.
Algunos de los jóvenes que lo acompañan solo se dedican a fabricar los trajes, ya que reciben suficiente dinero del oficio, mientras que otros salen de sus trabajos y se dirigen al taller a trabajar los disfraces hasta altas horas de la noche.
El emprendedor revela que, a pesar de estar nombrado asesor cultural en el Ministerio de Cultura, no volvería a emplearse, ya que de su negocio puede sustentar a su familia. “yo cobro RD$5,000 por un solo traje y como son hasta 20 ya tú sabes”, dice. Con una cartera de clientes en diferentes partes del país, en ciertas ocasiones debe declinar trabajo, ya que hay comparsas que le pagan hasta un año por adelantado para que les guarde el turno.
“El carnaval para mí es media vida mía, a pesar de tener otros ingresos esto es lo que me gusta hacer, a veces duro aquí tres días y no me canso. Nosotros somos así apasionados del carnaval”, expresa con entusiasmo.
Hurtado realiza trajes para exportar hacia Estados Unidos, ya que muchos residentes dominicanos que viven ahí usan los trajes en la parada dominicana que se realiza en el Bronx. Además, comenta que ha hecho trabajos para el Ministerio de Cultura que son usados exposiciones para mostrar la cultura dominicana en el exterior.
Cultura
El carnaval dominicano es el más antiguo de América Latina, por ser República Dominicana el primer lugar de la región donde los colonizadores se asentaron en 1492. Un documento publicado por el investigador de folclore dominicano Dagoberto Tejeda considera que fue en la ciudad de Santo Domingo, en 1520, donde el carnaval es celebrado por primera vez.
Refiere que el personaje del “diablo cojuelo” es traído por los españoles, no solamente a República Dominicana, sino a toda América Latina, donde tiene variaciones de acuerdo con cada país y región. El investigador indica que es en la ciudad de República Dominicana, donde se encuentra la más antigua mención festiva del personaje, realizada en 1520 durante una visita de fray Bartolomé de las Casas.










