El caso de las pérdidas de las empresas distribuidoras de electricidad, que deberían ser comercializadoras, es, sin lugar a duda, el más sensible en cuanto al compromiso que se espera del gobierno para generar una buena percepción respecto a la reforma fiscal que pronto conocerá el país.
Ya lo ha dicho el Presidente: se busca relanzar la economía. Esto implica asumir con responsabilidad el papel que le corresponde a cada cual.
Resulta irritante saber que las EDE se tragan, porque no se puede decir de otra manera, alrededor de US$1,500 millones cada año, recursos que salen los tributos que pagan los dominicanos.
La ineficiencia de estas empresas es una carga que le cuesta demasiado al país y muchas cosas se están dejando de hacer para el bien de todos, sólo por mantener esta estructura administrativa anclada en un modelo anquilosado. ¡Así no!











