República Dominicana está en las puertas de un proceso de reformas profundas que incluye, entre otras, una modificación integral al sistema tributario. En este tramo habrá de verse cuál será el compromiso del Gobierno para lograr que el aumento de los ingresos no se vuelva un bumerán.
El país está compelido a salir del círculo vicioso de caer, entre reformas y parches, en ciclos de incertidumbre económica que en nada benefician el clima de inversión.
El presidente de la República, Luis Abinader, parco, sosegado, tranquilo y con la experiencia que le han dado cuatro años al frente del Estado, ha comunicado que “en su momento” los dominicanos conocer la propuesta de reforma fiscal de la que tanto se ha especulado en la opinión pública.
Hay que hacer énfasis en la necesidad de que las partes asuman su cuota de sacrificio. Esto incluye a contribuyentes y gestores de la administración tributaria. En este escenario también hay que incluir a quienes están en el deber de gastar bien el dinero público.
Hay que decirlo: ya está bueno de seguir echándole afrecho a las distribuidoras de electricidad, premiando su ineficiencia.
El FMI, destacando el optimismo que debe primar en todo este trayecto de la vida económica del país, afirma que República Dominicana está a la cabeza del crecimiento del PIB en América Latina, con una tasa media anual de aproximadamente un 5% desde la década de los setenta.
Pone de manifiesto que este país ha avanzado notablemente en la reducción de la pobreza y en la mejora de los niveles de vida.
Sin embargo, también señala que, si se alcanzara el grado de inversión de los bonos soberanos, el progreso se aceleraría aún más, al generarse un descenso de las tasas de interés, un aumento de los flujos de capital y una expansión de la base de inversionistas. Y es aquí donde está el reto.
República Dominicana está obligada a implementar una serie de reformas que, en principio, podrían parecer abruptas, porque ahora prácticamente todos los sectores están en la zona confort, pero que a la larga habrán de ser beneficiosas para lograr un desarrollo sostenido.
Hay temas pendientes que deben ser abordados en esta reforma. No se le puede dar más larga a la recapitalización del Banco Central, ya que su deuda no sólo le resulta pesada y lo cohíbe de su verdadera función, sino que genera preocupaciones porque algún día hay que pagarla.





