En una economía como la dominicana, altamente dependiente de la movilidad, la logística y el abastecimiento energético, el sector de los hidrocarburos continúa desempeñando un papel estratégico que va mucho más allá de las estaciones de servicio.
Su relevancia se refleja con claridad en dos dimensiones esenciales: su aporte a las finanzas públicas y su incidencia transversal sobre el conjunto de la actividad económica.
Los datos del primer cuatrimestre de 2026 confirman esa realidad con contundencia. Los impuestos aplicados a los hidrocarburos, los selectivos ad valorem y específico, junto con la contribución al gas licuado de petróleo (GLP), representaron el 9.34% de las recaudaciones totales del Estado, con ingresos ascendentes a RD$34,497.2 millones.
Como lo demuestran los datos, se trata de una participación significativa dentro del presupuesto público, que evidencia hasta qué punto estos gravámenes sostienen la capacidad del Gobierno para financiar servicios, inversión y compromisos sociales.
Sólo por concepto de impuestos selectivos a los combustibles, recaudados a través de la DGII, el Estado obtuvo RD$30,163.1 millones entre enero y abril, superando incluso la meta estimada y registrando un crecimiento interanual de 5.2%. A esto se suman RD$3,594.5 millones por la contribución del GLP y otros RD$736.6 millones percibidos por la DGA mediante el impuesto de RD$2.00 por galón a la gasolina y al gasoil.
Más allá del dato fiscal, el peso de los hidrocarburos en la economía general es igualmente decisivo. Los combustibles son un insumo básico para el transporte de mercancías, la operación industrial, la generación de valor en sectores productivos y la movilidad cotidiana de millones de ciudadanos.
Su comportamiento repercute directamente en los costos logísticos, en los precios al consumidor y en la competitividad de las empresas. Por eso, hablar del sector de los hidrocarburos no es referirse únicamente a un renglón tributario, sino a una pieza estructural del funcionamiento económico nacional.
En ese contexto, el desafío del país no consiste en restar importancia a este sector, sino en gestionarlo con visión de equilibrio. Los hidrocarburos seguirán siendo un pilar de la estabilidad fiscal y del dinamismo económico.
Su importancia también debe medirse por su capacidad de sostener empleos formales, encadenamientos productivos e inversión en múltiples actividades vinculadas al transporte, la distribución, el comercio y los servicios. El sector de los hidrocarburos son un factor de estabilidad económica y generador de empleos formales.








