El sector detallista de combustibles en República Dominicana se encuentra al borde de un colapso operativo sin precedentes. Podría parecer exageración, pero es la pura realidad del mercado.
No se trata de un simple bache financiero transitorio, sino de una profunda distorsión estructural que amenaza de forma directa la estabilidad económica nacional. El corazón del problema radica en el costo insostenible de procesar los pagos con tarjetas de crédito y débito, un servicio básico que hoy devora la rentabilidad de un sector de vital importancia.
Los números disponibles hablan con absoluta claridad. Las empresas adquirentes cobran una comisión promedio del 2.5% por cada transacción electrónica realizada en las estaciones. En la práctica, esto se traduce en un costo de aproximadamente RD$6.75 por cada galón de combustible comercializado.
Si el margen bruto para los detallistas es de apenas RD$25 por galón, el resultado matemático es devastador: las comisiones bancarias se están tragando cerca del 27% del margen bruto total de estos empresarios.
Esta realidad empeora por una paradoja perversa: a mayor precio de los hidrocarburos, menor es la rentabilidad real de las estaciones de servicio locales. Al ser la comisión un porcentaje fijo sobre el precio final de venta al público, cualquier aumento en el costo del combustible eleva automáticamente el monto en pesos que retienen las tarjetas, mientras que el margen en pesos del detallista se mantiene congelado y severamente disminuido.
Ante este panorama financiero tan asfixiante, los propietarios de estaciones de combustibles se preguntan si vale la pena seguir aceptando el plástico como medio de pago. Dejar de recibir tarjetas provocaría de inmediato un caos logístico de gran magnitud y un malestar masivo en la población consumidora.
Sin embargo, mantener el sistema actual bajo estas reglas de juego tan desiguales implica marchar hacia una quiebra técnica inevitable para cientos de negocios. No estamos ante un conflicto menor entre entidades particulares. El sector detallista de combustibles es un pilar socioeconómico esencial que sostiene cerca de 30,000 empleos formales en todo el territorio dominicano.
Una parálisis operativa o un cambio drástico en las modalidades de cobro desataría una inestabilidad inmediata en la cadena de distribución, afectando directamente al transporte público, el comercio, las industrias y el día a día de millones de ciudadanos. En este caso, la crisis es evitable.
El combustible es la sangre que moviliza la economía nacional; bloquear su flujo por asfixia financiera es jugar abiertamente con fuego. Es urgente que las autoridades monetarias, el sector financiero y los adquirentes se sienten a la mesa con los detallistas para estructurar una salida viable. El mercado requiere una revisión profunda de estas tasas de intercambio, reconociendo su naturaleza de alto volumen y bajos márgenes.







