La deuda pública crece conforme aumentan las exigencias de los ciudadanos por más y mejores servicios del Estado, incluyendo infraestructuras que mejoren su calidad de vida, mientras el Gobierno no dispone de ingresos suficientes para cumplir con estas demandas que implican un mayor gasto. La deuda del sector público no financiero (SPNF) cerró junio en US$55,730.2 millones, equivalente al 44.9% del producto interno bruto (PIB). En 2023 finalizó en US$54,828.8 millones.
La deuda del Banco Central (BC) pasó de US$18,403.4 millones a US$19,739.1 millones entre el cierre de 2023 y marzo de este año. Esto quiere decir que la deuda pública consolidada supera los US$72,781 millones, es decir, que está en alrededor del 58% del PIB.
Independientemente de que hay voces que claman por que el Banco Central sea descargado de esa deuda, es decir, que sea transferida a Hacienda para que la autoridad monetaria se dedique única y exclusivamente a hacer lo que por ley le corresponde, yo no le temo a la deuda en sí.
Mi preocupación viene por el lado de la incapacidad tangible que tenemos para superar el déficit fiscal, el cual ronda del 3.5% del PIB. Me preocupa que no tenemos, por lo menos en el corto plazo, una solución viable para mejorar la capacidad recaudatoria del Estado, aun se apruebe una reforma al sistema tributario.
Es imposible que de un solo golpe logremos captar un 3.5% del PIB a través de una reforma fiscal, si incluimos el compromiso que debe hacer el Gobierno como gestor del Estado.
El gasto público, como es harto sabido, no puede frenarse y menos disminuirse; lo que podría hacerse es ralentizarse al tiempo que se logra una mejoría en las recaudaciones, esto con el propósito de alcanzar un balance más justo con las aspiraciones de República Dominicana.
Si nuestra deuda está en alrededor de 60% del PIB no es un problema sí, pues hay otras economías, por supuesto más desarrolladas que la nuestra, que adeudan el equivalente a más del doble de su producto y generan confianza. El tema siempre tiene que ver con la capacidad de pago y no con el monto de la deuda.
Usted puede deber sólo US$100 y no puede producir lo suficiente para pagar ese compromiso está claro que hay un problema financiero. Lo importante no es la cantidad de la deuda ni su relación respecto al PIB, lo que realmente importa es si tenemos un flujo suficiente y estable para pagar a los acreedores.
Me preocupa, y lo digo muy seriamente, la proporción de los ingresos que debemos destinar para el pago de los intereses de la deuda. En agosto de 2022 equivalían al 23.3%. Este año superan el 25%.
En todo caso, considero, es el momento de que todos los sectores asuman la cuota de sacrificio que corresponde para que República Dominicana siga generando confianza en el mercado internacional y algún día, cuando sea, logre el tan deseado grado de inversión para que la emisión de deuda sea más competitiva.