El tiempo de transición está pasando raudo y veloz y ya se aproxima la fecha para la toma de posesión en donde se inaugurará un nuevo período de gobierno del presidente Luis Abinader. Nuevas expectativas se han creado para los próximos cuatro años, a pesar de que todo está planteado en la Ley de la Estrategia Nacional de Desarrollo que se ejecuta actualmente, lo mismo que lo formulado en el Plan Nacional Plurianual del Sector Público vigente, y también lo que se verifica en el Programa de Gobierno 20242028 que se le vendió a la población, y que pasó a alimentar las denominadas Metas Presidenciales.
Es decir que, al parecer, no debe haber sorpresas ni secretos en cuanto a los Ejes Estratégicos que se perseguirán, ni en lo relativo a Objetivos Estratégicos, ni en lo vinculado con Metas específicas ni en cuanto indicadores, pues casi todo se contempló en los planes nacionales sectoriales y en los planes estratégicos institucionales.
Pero las expectativas que se han creado no son institucionales, ni de los agentes económicos, ni de la sociedad civil, es más, ni de la población en sentido general; las mismas provienen, desde nuestro punto de vista, del propio mandatario quien, estoy casi seguro, está pensado en realizar el gobierno que su padre, José Rafael Abinader, soñó cuando aspiraba a la primera magistratura del Estado dominicano, y también el tipo de gobierno que, mentalmente, ha venido construyendo en su paso por las lides políticas y a partir de la experiencia que tuvo frente al tren gubernamental en estos pasados cuatro años de gobierno.
Y es que el Abinader del 2020 no es el mismo que tomará las riendas del país para el período 2024-2028. El de hoy ya conoce los hilos del poder, sabe que el Estado es algo más complicado que lo que se veía desde fuera. También, debe ser de su conocimiento que la lucha de intereses alrededor del gobierno, dentro y fuera de este, es particularmente feroz pues hay individuos insaciables, dentro de los cuales están empresarios y funcionarios públicos, además de los consabidos compañeros del partido que siempre andan buscando lo suyo.
Pero existe otra ventaja, ya el presidente Abinader aprendió sobre el manejo de la cosa pública, cumplió compromisos políticos y satisfizo caprichos partidarios, aun en contra de su voluntad; cedió cuando hubo que hacerlo, no solo frente a la ciudadanía y a los grupos de intereses que se mueven en las redes sociales, sino, además, de cara a sus amigos y vinculados empresarialmente.
Paralelamente, se puede afirmar que el presidente Abinader cumplió con la mayoría de las promesas que hizo el partido, muchas de las cuales no eran, necesariamente, de él pues, en las elecciones del 2020, era un instrumento del partido revolucionario moderno y, obviamente, su candidato, no el líder del país y del partido en el que convirtió posteriormente, aunque algunos se rasguen las vestiduras.
El primer mandatario fue testigo de excepción de varias crisis internacionales con repercusiones nacionales, pero también tuvo las propias localmente, y aprendió a cómo gestionarlas para que no tuvieran implicaciones más allá de lo esperado. El manejo de la economía fue, quizás, uno de los puntos luminosos que tuvo el periodo de gobierno que casi agoniza, y de donde obtuvo, probablemente, el mayor aprendizaje, y lo que lo graduó como un excelente gerente.
Ahora toca mirar al futuro, y que las expectativas que tiene el presidente Abinader con relación a lo que debe ser un “buen gobierno -el gobierno que soñó desde chiquito-“ coincida con las aspiraciones de la población dominicana de mejorar su calidad de vida, de que se reduzca la pobreza y disminuyan las desigualdades.
Por demás, se espera que las pretensiones del primer mandatario para los próximos años, en términos de controlar la corrupción y la impunidad, sean las mismas que tenemos los ciudadanos, lo mismo que en el caso de la seguridad ciudadana. Y, finalmente, ojalá que las reformas que Usted tiene pensadas, sean las mismas que conduzcan a resultados que permitan edificar una sociedad dominicana con más orden y progreso, con el permiso de Brasil.











