El desarrollo del derecho de competencia surgió entre finales del siglo 19 y principios del siglo 20, cuando grandes empresas ferroviarias y petroleras controlaban sus respectivas esferas y utilizaban su poder de mercado para impedir que otros participantes pudieran competir e, igualmente, inflar el precio de sus productos y servicios.
Las prácticas de abuso de posición dominante y monopolio dieron lugar a los primeros grandes cambios legislativos y casos judiciales en los cuales estas prácticas lesivas a la competencia fueron desestimadas y penadas.
Desde que se desarrollaron las nuevas tecnologías, el internet y las demás herramientas que hoy tomamos como herramientas rutinarias de nuestro diario vivir, también se han planteado casos que pueden surgir en materia de competencia. A principios de los años 80, el dominio de AT&T en materia de telecomunicaciones fue objeto de sanción, y a mediados de los años 90, el dominio de Microsoft en sistemas operativos de PC también lo fue.
Más recientemente, con el auge de las compras vía internet y las redes sociales, han surgido supuestos de prácticas anticompetitivas y monopolios por empresas del sector. Se ha acusado a Amazon de ser un monopolista, utilizando su dominio en servicios de computación en la nube para subsidiar su tienda en línea de diversos artículos, siendo ahora el mayor retailer en los Estados Unidos y en muchos mercados de otros países también.
Pero hace apenas unos días, en un caso que muchos entendían no iba a producir ningún cambio material o decisión adversa para Google, un tribunal federal en Estados Unidos determinó que Google es un monopolista, controlando el 90% del merado de búsquedas en línea, y más del 95% en teléfonos inteligentes. El tribunal tomó nota de que Google invierte grandes sumas -US$26,300 millones en el 2021- para pagar a empresas productoras de teléfonos inteligentes y ser el buscador predeterminado en sus aparatos.
El caso fue iniciado en el año 2020 bajo una administración republicana, pero siguió en el gobierno demócrata, una premisa de que hay un respaldo político muy fuerte para resarcir la percepción de que los “gigantes tecnológicos” son monopolios. El Departamento de Justicia alegó que el monopolio de Google le ha permitido cobrar precios artificialmente altos para publicidad, y que por ser monopolista, no invierte suficiente para mejorar su producto.
Ahora inicia una segunda fase en el proceso judicial, que será definir de las consecuencias de la determinación del tribunal de que Google es una empresa monopolista. Esto puede ser tanto como que Alphabet, la empresa matriz de Google, tenga que deshacerse de su subsidiaria de búsqueda y convertirla en empresa independiente, o que no se le permita que sea el buscador predeterminado, o ambas cosas, o hasta otras potenciales consecuencias.
En el derecho de la competencia, siempre hay una tensión entre la innovación y nuevas tecnologías, que requieren de un “toque ligero” para permitir que evolucionen, y la protección de los consumidores. Estamos entrando a una nueva era de regulación de los gigantes tecnológicos con esta decisión, y será muy interesante observar esta evolución.











