La ola de reformas propuestas por el presidente Luis Abinader continúa, siendo la más reciente una fusión y reorganización de varios ministerios y otras dependencias del Estado, con el objetivo de mejorar la administración y eficiencia de la gestión pública.
Sumando este cambio a las propuestas de reforma constitucional, laboral y la anunciada fiscal, y con otras que también, se comenta, están en el tintero, estamos ante una verdadera avalancha de transformaciones en República Dominicana. Queda por verse cómo el Congreso Nacional, el cual es el centro de todas estas propuestas, podrá manejar la enorme carga de trabajo que pesa sobre sus hombros.
Retornando al tema central, debemos iniciar aplaudiendo la valentía del Presidente de hacer otra propuesta (la primera siendo la reducción de la cantidad de escaños congresuales) que pudiera tener un impacto político negativo a su persona, ya que con la consolidación de estas instituciones, se reducen los altos cargos que pueden ser designados.
Igualmente, el deseo de racionalizar y consolidar la administración del Estado en donde pueden tener funciones duplicadas o, al menos, muy conexas, también es loable. Este planteamiento del presidente Abinader es contrario a lo que ha hecho la mayoría en las gestiones anteriores, con la expansión del aparato del Estado.
Algunos critican la iniciativa alegando que tal o cual ministerio actualmente no realiza sus funciones de manera eficiente, y que combinar a este ministerio con otras instituciones tendría el efecto inverso. Pero nos parece que es una oportunidad para analizar, rectificar y relanzar los mandatos puntuales en cada uno de los organismos afectados, aunque esto también será otro gran desafío que tendrá por delante esta administración. Igualmente ponderar si habrá una reducción de la nómina con esas consolidaciones.
Lo que todavía no nos queda claro son las instituciones del Estado que no fueron mencionadas. Por ejemplo, en muchos países, ministerios como el de la Juventud, de Cultura y de la Mujer, son muchas veces parte de un ministerio de equidad y familia (ver los casos de España y Francia).
A nuestro parecer, el mismo gobierno le resta credibilidad a su propuesta de fusión y racionalización de los ministerios y otras dependencias del Estado al no incluir ni mencionar las razones por las cuales estos ministerios no fueron ponderados para eso.
Dada la importancia del deporte en nuestro país, tanto desde el ámbito cultural como también de herramienta de prevención del delito, se pudiera entender un razonamiento de no variar el Ministerio de Deportes, pero los otros ministerios mencionados tienen poca razón de existir de manera independiente ante una ola de racionalización de la administración del Estado.
En fin, no nos quedan dudas de que debemos apoyar la iniciativa de reducir el tamaño del aparato burocrático estatal y consolidar funciones. Pero será un gran reto para la actual administración demostrar que con esta consolidación, que también tiene efectos políticos negativos para el Presidente, pues se eliminan altos cargos que pueden ser concedidos a sus aliados, son capaces de gestionar la burocracia estatal de forma más ágil en provecho de la ciudadanía.











