La “economía naranja” -al igual que la economía “verde” y la “azul”- son nuevas formas de crear valor y que impulsan el desarrollo y la riqueza en países como República Dominicana. Recientemente, se celebró el Foro Caribe Naranja en nuestro país, por lo que es propicio considerar esta metodología de valor agregado y también sus aspectos legales.
Cuando se habla de la economía naranja, coloquialmente se tiende a pensar que es una economía creativa, pero va más allá de eso, pues abarca todas aquellas actividades que transformen el conocimiento en un producto o servicio, que trate de fomentar, además de tener un beneficio económico, el desarrollo de la cultura y la creatividad.
En nuestro país tenemos grandes oportunidades de catalizar y catapultar la economía naranja, y por ende, explotar un tremendo encadenamiento productivo, que no debemos dejar de considerar. Es menester señalar que ya en la República Dominicana, instituciones públicas como el Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes han estado abordando e incentivando el tema, y también organizaciones privadas lo han acogido.
El primer ejemplo en nuestro país es el cine, una industria sumamente lucrativa para los dominicanos, ya que genera exportaciones creativas millonarias, y cuya escala de pagos es muy atractiva. No se podía hablar de este sector sin la Ley de Fomento al Cine, que creó unos interesantes y necesarios incentivos para esta industria, que ahora es una marca país que está dando frutos en talento humano, exportaciones creativas y generación de divisas que no dejan de ser importante.
Otro ejemplo de esta modalidad es la de la moda, pues en nuestro país ya contamos con una excelente cadena de suministro y de desarrollo de la industria textil. La moda nos ayuda a llevar esto al próximo paso: no solo para transformar diseños de empresas extranjeras que luego exportan (algo que también es muy valioso para nuestro desarrollo), sino de la creación de propiedad intelectual para utilizar estos diseños en el mercado mundial.
Hablar de la economía naranja necesariamente conlleva también abordar la propiedad intelectual, pues se requiere protección para los diseños y las creaciones que se realizan. Y aquí podemos decir que la República Dominicana ha avanzado mucho, pues ya a nivel internacional se reconoce la protección a la propiedad intelectual (Estados Unidos ya no nos considera un país que debe estar en el “reporte especial” por violaciones en la materia), lo que también constituye un gran avance.
El encadenamiento productivo que nace de la economía naranja es un elemento que genera valor, riqueza y que permite que países continúen desarrollándose. Este aspecto ha sido abordado por Colombia con grandes resultados, y debemos tomar en serio el llamado para aunar esfuerzos en procura de su su promoción.
Crear espacios y talleres para los agentes productivos poder recibir asistencia legal para la protección de sus creaciones es una posibilidad que debe ser considerada. Igualmente, mantener los incentivos y la promoción de parte del sector público de una valiosa herramienta para el desarrollo.











