Duélale a quien le duela, República Dominicana se ha vuelto dependiente de la capacidad de trabajo de los haitianos. Aquí hay sectores fundamentales en nuestra economía que no pueden prescindir un solo día de la mano de obra haitiana. Simplemente se caen. Debemos dejarnos de hipocresía.
La migración haitiana, irregular o no, se ha vuelto una necesidad para la economía dominicana. No se trata de defender a los ciudadanos de la vecina nación porque sí. Su desgracia, por ser un país en constantes conflictos sociales, con una economía que no ofrece oportunidades para la inversión y una sociedad secuestrada por la inseguridad, ha sido una bendición para muchos de este lado de la frontera.
Tenemos que hacernos las siguientes preguntas: ¿Resiste nuestra economía, principalmente en la mano de obra informal, la salida masiva de haitianos del territorio dominicano? ¿Tendría el sector construcción la bonanza que exhibe hoy sin el aporte que hacen los haitianos, muchas veces trabajando en condiciones de riesgo laboral extremo y sin protección? ¿Cómo sería la agricultura en nuestro país sin los haitianos? ¿Y el turismo? ¿Olvidamos que los haitianos fueron vitales en los años dorados de la industria azucarera? ¿Dónde ha estado la falla en cuanto al desorden migratorio en nuestro país? ¿Preocupan otras nacionalidades con estatus irregular en República Dominicana?
Hay una doble moral con este tema. Están los que defienden la soberanía dominicana, lo cual está muy bien, porque es su forma de hacerse sentir en la opinión público o porque, sencillamente, eso les genera “views” y beneficios económicos.
No estoy diciendo, en ninguna circunstancia, que República Dominicana, mi amada patria, renuncie al derecho que tiene de permitir sólo la migración regular, independientemente del país que sea. Debemos ser fuertes en la aplicación de la Ley de Migración. Para esto, el primer paso es no permitir la entrada irregular de ciudadanos de cualquier parte del mundo. Habría que ver quiénes están en la disposición de hacerlo, incluyendo los que se lucran de manera subterránea y sobre la superficie.
La contribución de los haitianos se destaca en diversos sectores clave: construcción, agricultura, turismo, comercio y transporte, así como en la seguridad de importantes residenciales y limpieza de áreas verdes. Difícilmente haya un dominicano que no utilice los servicios de un haitiano para cualquier tarea.
En términos macro, Haití es uno de los socios comerciales más importantes de la República Dominicana. Cada año, de manera formal, nuestro país exporta cerca de US$1,000 millones en alimentos y materiales de construcción, principalmente.
A cambio del beneficio que la economía dominicana recibe de los haitianos, si se pudiera decir de alguna manera, el gasto en salud para atender estos inmigrantes ascendió a más de RD$5,000 millones. Sólo en 2019, según el Servicio Nacional de Salud (SNS9, fueron RD$4,195 millones. Cerca de un 30% del presupuesto de salud se destina a la atención médica de pacientes extranjeros, principalmente haitianos.
Como se ve, es un tema complejo que tendríamos que verlo desde diversas perspectivas para no pecar por la emoción que genera defender la patria. Hay que estar siempre del lado de República Dominicana, por supuesto, pero no actuar desde el ímpetu.











