“Make America Great Again”: “Que los Estados Unidos vuelva a ser grande”, fue el lema principal utilizado en la campaña de Donald Trump, recién electo como el presidente número 47 de ese gran país, siendo el retorno más icónico de la historia política de Norteamérica.
Con margen mucho más amplio del que pronosticaban las encuestas, Trump obtiene la victoria superando los 270 votos electorales que eran necesarios, dejando rezagada a la vicepresidenta Kamala Harris que no llenó las expectativas de los líderes del Partido Demócrata que la apoyaron.
De esta manera, Trump se convierte en el segundo presidente norteamericano en gobernar dos periodos no consecutivos; el anterior fue Grover Cleveland, quien ocupó el solio presidencial entre 1885 y 1889, fracasó en ser reelecto y cuatro años más tarde logró un nuevo mandato, que ejerció entre 1893 y 1897 (BBC, 2024).
Así terminan unas elecciones marcadas por el verbo agresivo y frontal del candidato republicano, frente a la tierna sonrisa de la candidata demócrata pero que, en ambos casos, no constituían los líderes ideales que muchos conservadores hubieran querido ver en esta contienda. De esta manera, Trump regresa a la Casa Blanca, esta vez siendo presidente nuevamente y cargado de imputaciones penales, una insurrección, un veredicto de culpabilidad por 34 delitos graves y dos intentos de asesinato (El País, 2024).
El estado de la economía podría haber sido una de las razones por la que los electores prefirieron al candidato republicano, según algunas encuestas, lo mismo que el incremento de la inmigración ilegal que hizo invivible algunos lugares de la unión americana.
En efecto, de acuerdo con un estudio de la encuestadora Gallup, de octubre de 2024, el 54% de los votantes consideraba que Trump puede manejar mejor la economía que Kamala. Por otro lado, desde este miércoles en la mañana, un día después del triunfo del candidato republicano, miles de personas que residen ilegalmente en los Estados Unidos empezaron a hacer sus maletas para retornar a sus respectivos países, azuzados por la promesa de Trump de sacarlos a todos y de sellar las fronteras, en lo que sería la mayor deportación en la historia de Estados Unidos.
Sin embargo, los mayores retos de los que serán los nuevos inquilinos de la Casa Blanca no están solo a lo interno de la nación americana, sino afuera, en las caras de las guerras que han sustentado y apoyado los actuales ocupantes.
También está en el comercio internacional y en la intención de aumentar los aranceles a la importación de la mayor parte de productos extranjeros lo que, para algunos economistas, esto supondrá aumentos de precios a lo interno de la economía norteamericana.
Definitivamente, muchas interrogantes se ciernen sobre el nuevo rumbo que tomarán las cosas con Donald Trump al frente de la Casa Blanca.
A pesar de su discurso aguerrido y sus expresiones combativas se espera que, al ser juramentado como nuevo mandatario, el presidente Trump ofrezca un ramo de olivo a todos sus enemigos y detractores, que son muchos, pues, para hacer grande a una nación, se requiere el concurso de todos sus ciudadanos, no solo de los republicanos. Y suerte para Latinoamérica, que la va a necesitar, si se cumple la promesa de deportación masiva de inmigrantes.











