La reciente elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos traerá grandes cambios no solo en las políticas domesticas estadounidenses, sino, también, a nivel internacional. Aunque la visión de este pasado y futuro presidente norteamericano puede diferir del criterio de muchos, la realidad es que él fijará el rumbo de eventos trascendentales para la comunidad internacional, muy especialmente el desenlace de la guerra entre Rusia y Ucrania.
En el pasado, hemos externado en este espacio nuestra calificación de que, más que una “guerra”, es una agresión hostil, sin provocación alguna, y completamente ilegal de Rusia en contra de su vecino Ucrania. Al cabo de dos años y medio de iniciado este conflicto, la situación se mantiene confusa y tensa, ya que la rápida y aplastante victoria por Rusia que se había pronosticado, no se materializó, sino que se ha convertido en una especie de guerra de atrición como la Primera Guerra Mundial, pero en pleno Siglo XXI.
El candidato Trump nunca hizo secreto su deseo de “terminar” la guerra, insistiendo en que lo lograría hasta antes de regresar a la Casa Blanca (declaraciones realizadas durante la campaña). Para cualquier analista o conocedor de la materia, resultaba evidente que lograr concluir las hostilidades implicaba una especie de “victoria” para Rusia. Igualmente, este ha declarado que Zelensky y Ucrania se han “aprovechado” de los Estados Unidos, y que no continuará la política de concederle armamentos para su defensa.
La realidad es que cualquier conflicto armado produce una enorme pérdida de recursos, tanto humanos (que nunca podrán ser repuestos) y económicos, y no es deseable que las hostilidades se prolonguen. En una situación donde ninguna de las partes, independientemente de como se inició, haya logrado importantes avances después de dos años y medio, quizás es el caso de que se debe ponderar un acuerdo de paz.
Pero más allá de las duras realidades de la guerra y los conflictos, aquí se impone la realpolitik internacional, más allá de la defensa de lo justo y lo legal: Rusia, un poder nuclear cuatro veces el tamaño de Ucrania, logrará vencer a su vecino únicamente debido a su poderío. Es decir, Trump no necesariamente busca prevenir la tragedia de la guerra, más bien está enfocado en lo que a su entender es un riesgo geopolítico global en el cual debe imponerse el país más fuerte ante su vecino más débil.
Si bien desde la época de Metternich se habla del realpolitik, el cual fue traído a la modernidad por Kissinger en los años 70, obligar a Ucrania a aceptar la “paz” en este escenario es un duro golpe. De hecho, informes noticiosos comentan que Rusia prepara una enorme ofensiva, presuntamente para lograr alguna ventaja a corto plazo en el campo de batalla, y colocarse en mejor posición de negociar un acuerdo.
Para países como el nuestro, constituye un verdadero golpe al ver que la realpolitik internacional parece imponer un orden basado en la fuerza sobre la justicia, algo que creíamos haber dejado atrás en nuestra historia. Pero no deja de ser una lección a futuro, de que en el ámbito internacional, los intereses de cada nación y de quienes ostentan el poder, primarán sobre cualquier orden institucional particular.











