Estamos a punto de cerrar el 2024, un año que sin duda ha dejado muchas lecciones en materia económica y, por qué no decirlo, en términos políticos.
En un cerrar y abrir de ojos el año ha comenzado a doblar “la curvita de la Paraguay” y quizá sea momento de repasar algunas cosas relevantes durante estos 11 meses transcurridos. Diciembre traerá sus propios afanes. Es un período de celebración y de alto consumo, ya que en la economía habrán de circular más de RD$150,000 millones entre salarios y otras “yerbas aromáticas”.
Ha de esperarse, igualmente, que el aumento del medio circulante se traduzca en un “empujoncito extra” para el producto interno bruto (PIB), partiendo del peso que tiene el consumo en la economía. La meta de crecimiento del Banco Central, establecida en su programa monetario, será lograda sin duda, por lo que el país mantendrá su liderazgo en materia de expansión en la región por encima del 5.1%. Sin embargo, en este año hay un acontecimiento que, desde mi punto de vista, marcó este período y sus efectos se sentirán en el corto y mediano plazo.
Sé que estaremos de acuerdo en que la presentación y retiro del Proyecto de Modernización Fiscal es el tema más relevante en este año. Hubo más acontecimientos, pero este en particular tiene y tendrá efectos importantes. Lo considero así porque, en primera instancia, todos los sectores estuvieron de acuerdo en que República Dominicana necesita una reforma al sistema tributario, la cual debe incluir cambios estructurales en el gasto.
Antes de que se diera a conocer el proyecto, representantes de organizaciones empresariales, algunos de los cuales habían tenido reuniones con el equipo económico el Gobierno, habían mostrado una actitud positiva u optimista ante lo que habría de conocerse semanas o días después.
Luego de conocerse el proyecto a fondo, con los detalles que al parecer no conocían los líderes empresarios, representantes de organizaciones civiles, comerciantes y expertos, entre los que estuvieron economistas, vino la debacle. El rechazo fue unánime, muy a pesar del periplo que el ministro de Hacienda hizo por los medios de comunicación luego de liderar la presentación del proyecto en LA Semanal, en el Palacio Nacional, frente al presidente Luis Abinader y el equipo económico completo.
En la medida en que se fueron “auscultando los detalles”, que se conoció lo cruel y radical que sería “la reforma” para la clase media y los sectores productivos, incluyendo debilidades desde el punto de vista del combate a la informalidad y la evasión, todo se vino abajo. El Gobierno comenzó a sentir que nada había salido como fue pensado o planificado.
Ya se ha dicho lo difícil e indigerible que resultaba el hecho de revalorizar los inmuebles, bajar el monto exento y, encima, una unificación al 18% del impuesto a la transferencia de bienes industrializados y servicios (ITBIS) con una ampliación de la base incluida. La inclusión de un nuevo tramo en el impuesto sobre la renta (ISR), por demás, agregaba otra variable de fricción. ¡Imposible!











