El tratamiento de aguas residuales en América Latina y el Caribe se presenta como un desafío tanto en términos económicos como ambientales, debido a su impacto directo en la salud pública, la productividad y el medio ambiente. La insuficiencia en el tratamiento adecuado de las aguas residuales genera consecuencias negativas en la calidad del agua, la salud de las personas y la economía de la región.
En el informe “Oportunidades de la economía circular en el tratamiento de aguas residuales en América Latina y el Caribe” de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) de 2020, se reportó que aproximadamente el 89% de la población de la región tenía acceso a alguna forma de saneamiento básico. Sin embargo, solo un 55% contaba con acceso a saneamiento adecuado, y únicamente un 34.1% de la población disponía de un sistema de saneamiento que gestionaba las aguas residuales de manera segura.
A nivel global, más del 80% de las aguas residuales no reciben ningún tipo de tratamiento, una situación que también afecta a América Latina, donde la inversión en infraestructura de saneamiento sigue siendo insuficiente para cubrir las crecientes necesidades de la población. Según el mismo estudio de la CEPAL, la región enfrenta desafíos importantes, ya que alrededor del 70% de las aguas residuales no reciben tratamiento adecuado, lo que afecta tanto la salud pública como la economía.
En países como República Dominicana, el acceso al saneamiento varía considerablemente entre áreas urbanas y rurales, lo que posiciona al país como un ejemplo de los problemas y avances en la región. En zonas rurales, la falta de infraestructura adecuada es más pronunciada, lo que genera un riesgo elevado de contaminación de fuentes de agua subterránea y contribuye a problemas de salud y ambientales adicionales.
Por otro lado, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) promueven la adopción de tecnologías de economía circular en el tratamiento de aguas residuales como una solución para reducir costos operativos, generar energía a partir de biogás y mitigar el impacto ambiental. Estas tecnologías permiten aprovechar subproductos de las plantas de tratamiento, como el biogás, para generar energía y reducir los costos de operación.
Ejemplos de éxito en la región incluyen la planta en Cerro Verde, Perú, que reutiliza aguas residuales en la minería, y las plantas en San Luis Potosí, México; y Aquapolo, Brasil, donde el agua tratada es vendida a la industria. Estas iniciativas no solo contribuyen a la sostenibilidad ambiental, sino que también generan ingresos adicionales, lo que se presenta como solución para cubrir los gastos de operación y mantenimiento de las plantas de tratamiento.

Por otro lado, un artículo de “The Source” resalta que incluir los principios de economía circular en la gestión de aguas residuales ofrecerá beneficios como la reducción de costos operativos, la creación de nuevas fuentes de ingresos y la protección ambiental. No obstante, para lograrlo es necesario un cambio de paradigma en la región, en el que las aguas residuales sean vistas no solo como un problema, sino como un recurso valioso.
Con estas estrategias, América Latina puede transformar su gestión de aguas residuales en un modelo económico y ambientalmente sostenible, garantizando beneficios a largo plazo para las comunidades, destaca The Source. América Latina y el Caribe están experimentando una rápida urbanización, con proyecciones de alcanzar los 718 millones de habitantes para 2030, lo que incrementará la concentración urbana al 84%, según datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
En términos de saneamiento, solo el 66% de la población está conectada a sistemas de alcantarillado, muy por debajo de la media global en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), donde la conexión alcanza el 81%. De acuerdo con la ONU, la región requiere inversiones anuales entre US$3,400 millones y US$11,800 millones hasta 2030 para cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
Según el BID, cada dólar invertido en infraestructura de saneamiento en América Latina puede generar un retorno de hasta US$5, gracias a la reducción de enfermedades y la mejora del bienestar general. Además, los sectores agrícola e industrial se ven gravemente afectados por la escasez de agua y la contaminación, lo que destaca la urgencia de una gestión adecuada de las aguas residuales para preservar la economía de la región.
En República Dominicana
De acuerdo con la infografía “Aguas Potables y Saneamiento”, publicada por la Oficina Nacional de Estadística (ONE), en República Dominicana solo el 21% de los hogares tiene acceso al sistema de alcantarillado público, mientras que un 73% utiliza pozos sépticos, especialmente en zonas rurales, para acceder al agua.
El riesgo de contaminación de fuentes de aguas subterráneas genera costos adicionales tanto en términos de salud como en impacto ambiental, en áreas rurales, la situación es aún más crítica, ya que apenas el 4.2% de los hogares tiene acceso a alcantarillado público, comparado con el 23% en áreas urbanas.
Un recurso natural no apto para uso o consumo
De acuerdo con Telwesa las aguas residuales están conformadas por todas aquellas aguas que han sido afectadas por la acción del ser humano, ya sea en entornos domésticos o industriales, principalmente.
Tras su uso, las aguas pueden contener algunos contaminantes, tanto de tipo físico como químico y orgánico.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que no todas las aguas residuales llevan la misma cantidad ni calidad de contaminantes. Según Ferrovial, el tratamiento de aguas residuales, o depuración de aguas residuales consiste en una serie de procesos físicos, químicos y biológicos que buscan eliminar los contaminantes presentes en el agua resultante del uso humano o de otros usos.
La depuración comienza recogiendo las aguas de los núcleos urbanos y sectores industriales, y busca devolverla al ciclo del agua, ya sea vertiéndola en el mar o reutilizándola.
Entre los principales métodos de tratamiento encontramos el decantador primario (sedimentación gravitatoria), el flotador por aire disuelto (separación de partículas en suspensión mediante burbujas) y los tratamientos químicos.













