La percepción de la inseguridad ciudadana ha sido un talón de Aquiles para los gobiernos del reciente pasado y, de hecho, el actual. Sin embargo, en la presente gestión se han venido realizando esfuerzos por reformar la Policía Nacional con miras a mejorar la profesionalización del cuerpo y de ayudar a la ciudadanía a contar con una Policía que nos llene de orgullo.
En primer lugar, debemos destacar que aunque no se puede minimizar el problema de la delincuencia y las dolencias que sufre la PN, República Dominicana es un país en el cual la criminalidad es de una escala relativamente controlada y menor. A diferencia de otros países en la región, donde los homicidios constituyen una amenaza al diario vivir, debemos decir que este tipo de situación no es la principal preocupación de la ciudadanía.
A pesar de esto, no deja de ser una realidad que todos merecemos vivir en un ambiente de seguridad, paz y tranquilidad, y la mejor herramienta (además de la educación) para asegurar el orden es a través de un cuerpo policial competente y digno de dar respuestas a las exigencias de los habitantes. En este sentido, merecen reconocimiento y apoyo los pasos que se han venido dando para lograr este cometido.
El primer paso ya se ha venido dando, con la dignificación de los centros de entrenamiento para la PN en Hatillo y Gaspar Hernández. Igualmente, se destaca el relanzamiento el Instituto Policial de Educación Superior. La educación técnico-profesional es esencial para asegurar agentes entrenados cuando inicien sus carreras.
Otro elemento que se debe también mejorar es la calidad de las herramientas de la PN para las investigaciones de hechos delictivos. Todavía es deficiente la capacidad de investigación, rastreo y consecución de los actos delictivos, no solo con una finalidad de determinar los culpables de los mismos, sino también de presentar expedientes ante la justicia que logren condenas. Esto es algo que debemos mejorar.
Un tema que generó ciertos comentarios fue el cambio de uniformes, diseño de los vehículos y otros elementos visuales de la PN. Aunque algunos cuestionan esta evolución, está claro y es una práctica internacional que realizar cambios en la imagen tangible de las instituciones da resultados. Y dejar atrás el gris que data de la era del tirano es algo que debemos aplaudir.
Finalmente, el compromiso que ha demostrado el Presidente de realizar reuniones semanales de seguimiento con los altos mandos policiales y de los organismos de investigación también es muestra de que hay un interés en las más altas esferas del Gobierno de canalizar este tema. Las mismas, así como las reformas que se han venido realizando, han contado con la presencia y apoyo del sector privado, una muestra de aunar esfuerzos en la sociedad por el bien común.
La reforma a la Policía Nacional es un deseo y una meta país que debemos apoyar. Los esfuerzos del Estado, con apoyo del sector privado, empiezan a dar resultados. Pero la transformación integral de este cuerpo es un proyecto a largo plazo, que requiere de inversión en la educación, capacitación, equipamiento y profesionalización de la PN, algo que esperamos que continúe como parte de nuestro proyecto nación.











