La segunda administración del presidente Trump ha iniciado con mucha actividad, tanto en la esfera doméstica estadounidense como en el ámbito internacional. Muchas de las iniciativas que hoy se proponen y se están realizando novedosas, y sus resultados tendrán que analizarse en los años y décadas por venir. Sin embargo, podemos echar un vistazo de la forma en que la política exterior dominicana podrá verse afectada -y pudiera capitalizar- en esta nueva edad de Trump.
En primer lugar, fue un gran augurio que uno de los primeros embajadores identificados que sería nombrado fue la propuesta de embajadora de Estados Unidos a República Dominicana. No se nos puede olvidar que durante la primera administración de Trump, la embajadora nombrada en ese momento tuvo mucha incidencia positiva en el país. Claramente el presidente Trump tiene a RD entre sus prioridades para América Latina, y el mundo.
Como si fuera poco, en segundo lugar, tuvimos la visita del secretario de Estado Marco Rubio en su primera gira al exterior. El hecho de que un secretario de Estado de Estados Unidos nos visitara es algo memorable; solo ha ocurrido en un puñal de ocasiones en nuestra historia. Esto reitera el mensaje de que la RD es un aliado crítico para esa nación, y la administración de Trump nos tiene en consideración.
No obstante, ha habido otras decisiones de política exterior y comercial del gobierno del presidente Trump que han causado muchos estragos. La guerra de aranceles que se ha desatado es un gran desafío, por la incertidumbre que conlleva. Pero también constituye una oportunidad para los productores dominicanos, que anhelan y hacen grandes esfuerzos por capturar mercado en los EE. UU.
En cambio, también queda claro que la administración de Trump no tiene mucha confianza en los mecanismos de diálogo y acción multilateral, ámbitos en los cuales República Dominicana participa como par, o al menos proyecta más importancia, que nuestro tamaño quizás nos permita de manera bilateral. Para nuestro país, alejarnos de estos espacios constituye una reducción de nuestra esfera de influencia.
Volviendo a los aspectos positivos, es evidente que la administración considera que los esfuerzos de nuestro país en el combate del tráfico ilegal de narcóticos han sido loables. Esta parece ser una de las prioridades del gobierno estadounidense, por lo que está dentro de nuestro control mantener esta lucha y asegurar que actores malos sean combatidos en nuestro país, algo que nos dará mucha oportunidad de continuar afianzando la relación con EE. UU.
Finalmente, la política bilateral de los gobiernos del presidente Abinader nos ha distanciado de China, y reenfocado a los EE. UU. Esto es correcto, pues esa nación es el principal socio comercial de nuestro país, el gran gigante al norte que tiene la mayor incidencia en la política de Latinoamérica, más que el distante país asiático.
Nuestro país ha tomado decisiones acertadas en política exterior que nos han colocado en una posición ventajosa frente a la administración de Trump. Continuemos impulsando estas iniciativas para potenciar el crecimiento de República Dominicana, ante un clima internacional de muchos cambios.











