Se le atribuye al político alemán social demócrata, Willy Brandt, haber pronunciado la frase: “Tanto mercado como sea posible, tanto Estado como sea necesario”, sintetizando la idea de que el mercado y el Estado deben actuar de manera conjunta, siempre buscando un equilibrio adecuado y necesario entre la libertad económica que permita el desarrollo de las fuerzas productivas, al mismo tiempo que el bienestar social de la población. Pero más allá de esta disputa irresuelta entre “Más Mercado o Más Estado”, existen teorías y visiones de lo que debe ser una sociedad y de cómo esta debe ser gestionada para lograr los objetivos de crecimiento y desarrollo económico.
En efecto, algunos economistas suelen justificar la intervención estatal en la economía a fin de corregir fallas del mercado y externalidades negativas, en tanto otros hablan de la importancia del rol del Estado en la redistribución de la riqueza, esto es, disminuir las desigualdades mediante el establecimiento de impuestos progresivos, subsidios, programas sociales y regulaciones laborales.
De igual manera, mantener la estabilidad económica mediante el diseño e implementación de políticas fiscales y monetarias que controlen las principales variables macroeconómicas, como inflación, desempleo, tasa de cambio y tasa de interés es, quizás, una de las justificaciones más socorridas del por qué el Estado debe intervenir en la economía, lo mismo que el fomento al desarrollo económico a través de incentivos a los sectores productivos.
Keynes, J. M. (1883-1946) fue de los primeros economistas en plantear la necesidad de que el Estado interviniera en la economía a fin de estabilizar el empleo y la demanda agregada, especialmente en tiempos de crisis. Más recientemente, economistas como Joseph Stiglitz y Paul Krugman han argumentado que los mercados, por si solos, no son eficientes y tienden a generar desigualdades, y que también el gasto público es crucial en momentos de recesión, y sirve para evitar crisis prolongadas. De su lado, Karl Polanyi (1886-1964) criticó la idea del mercado autorregulado y argumentó que el Estado debe desempeñar un papel clave en la economía para proteger a la sociedad de los efectos negativos del capitalismo desregulado.
Las críticas a la intervención estatal también son recurrentes, sobre todo porque, se entiende, que el Estado puede ser ineficiente y tener exceso de burocracia, al tiempo que deja demasiado espacio para la corrupción, el clientelismo y el uso indebido de los recursos públicos con fines políticos.
Otra detracción a la intervención estatal en la economía son las distorsiones del mercado que se pueden crear, debido a mal diseño de políticas públicas, reduciendo los incentivos a la competitividad. Estas detracciones del intervencionismo estatal y apuestas al rol del mercado, han venido de economistas como Adam Smith, quien introdujo la idea de la mano invisible, según el cual los mercados, cuando funcionan libremente, asignan los recursos de manera eficiente sin necesidad de que el Estado participe, seguido de otros como Friedrich Hayek, Milton Friedman, Ludwig von Mises, Robert Lucas y James Buchanan.
Finalmente, y haciendo reverencia a los economistas de marras, entendemos que la solución ecléctica a la que apuesta Willy Brandt: “Tanto mercado como sea posible, tanto Estado como sea necesario”, es la vía más expedita para que Estado y Mercado convivan en armonía y sin dañar a nadie.











