Las noticias provenientes del ámbito internacional sobre los cambios abruptos en políticas de aranceles, y un nuevo enfoque en los Estados Unidos respecto a la promoción de su industria nacional, nos mueven a reflexionar sobre la necesidad de trazar políticas de Estado que continúen con la revitalización de este importante pilar de nuestra economía y sociedad.
Si bien es cierto que el sector industrial es tan clave como siempre, no es menos cierto que es un participante en la economía nacional que merece ser destacado y adoptar políticas puntuales para incentivar su desarrollo.
República Dominicana inició su camino de industrialización principalmente durante la década de los 70. Estas inversiones nos colocaron en una posición para lograr un importante desarrollo durante los últimos 30 años, situando a nuestro país entre aquellos del mundo que han experimentado más crecimiento y desarrollo en el pasado reciente. Queda claro que la industria es clave para estos fines.
En este sentido, la industria es una fuente tangible, segura y longeva de empleos e inversiones, que nos permite crear trabajos formales, dignos y esenciales para nuestra gente, además del encadenamiento productivo que se desprende de su producción. Asimismo, las exportaciones nos permitirán aumentar las fuentes de divisas, y crecer en la cadena de valor.
Enfrentando los desafíos a nivel internacional que ahora se presentan, ante un estallido de proteccionismo y aranceles, nos podemos dar cuenta que contar con un sector industrial fuerte es clave para el desarrollo nacional y la protección de los intereses de nuestro país. No es menos cierto que otros desafíos, como la competencia desleal, mercancía subvaluada y comercio informal proveniente del exterior, son también elementos a ponderar.
Tenemos la necesidad de reorientar las políticas de inversión del Estado en reafianzar las condiciones para que la industria continúe su expansión y crecimiento. Instituciones como ProIndustria y los incentivos que regula, son importantes para impulsar el crecimiento de la industria nacional.
Otro elemento de fortaleza es la posibilidad de continuar el crecimiento de las exportaciones, ya siendo República Dominicana un líder en mercados en el Caribe y Centroamérica. Sin embargo, para continuar, que es únicamente ganar-ganar como país, debemos presentar políticas más concretas para simplificar esta posibilidad de crecimiento y desarrollo. Habrá que tomar en cuenta que ante la escalada de medidas arancelarias, otros países querrán exportar sus productos hacia nuestro país, lo que también es un desafío.
Finalmente, hay que hacer un énfasis en la educación técnico-profesional, para crear personal entrenado que facilite las condiciones para este mercado. En una reforma fiscal, hay que mejorar el sistema fiscal para reducir las cargas a este sector y simplificar el cumplimiento tributario, con miras a incentivar la inversión a largo plazo.
La industria nacional es un sector vibrante, en crecimiento; esencial para el progreso nacional. Pero ante el cambio de panorama internacional, es urgente adoptar medidas para asegurar su crecimiento. ¡Apoyar la industria nacional es respaldar el desarrollo del país!








