A veces, y a veces pudiera pensarse que está ocurriendo con mayor frecuencia, se dan situaciones que, lógicamente, no son normales. O mejor sí: ya se vuelven más normales.
Y aquí es donde está el peligro, pues a lo incorrecto se le considera normal porque ocurre con frecuencia. Por eso pueden verse casos en que la autoridad, sin distinguirse si es por ignorancia inducida, desconoce procedimientos simples en la toma de decisiones.
De hecho, hay funcionarios que la ley o cualquier normativa no la ven, o no se dan por enterados, al momento de tomar una decisión, pues consideran que su palabra es “palabra de Dios”.
Se dan casos, por ejemplo, en funcionarios municipales que se creen “sabelotodo” y que cualquier decisión emanada de su oficina, firmada y todo, es palabra obligada de ejecución, obviando que a veces hay quienes conocen lo que dice la ley.











