El tema migratorio para República Dominicana, por su condición de compartir una isla con el país más pobre del hemisferio, debe ser de interés nacional y no estar contaminando por asuntos políticos partidarios y de sectores con intenciones divorciadas del bien común.
Sin embargo, es preciso que las medidas que adopte el Gobierno estén sustentadas en objetivos específicos, en metas a alcanzar en procura de controlar la inmigración de indocumentados, y de regularizar la situación de aquellos extranjeros que viven aquí desde hace décadas aunque sin documentos.
No es secreto que sectores productivos importantes necesitan de la mano de obra extranjera. Pero eso no impide que esa mano de obra esté debidamente regularizada, ya sea con documentos de residencia permanente o con permisos temporales para asuntos laborales.
De ahí la importancia de que el Gobierno retorne, con seriedad, el plan de regularización de extranjeros.











